UN VERANO CUALQUIERA. Cap 3 – LOS HUEVOS DE CHOCOLATE

Cap. 3 – LOS HUEVOS DE CHOCOLATE

Pues definitivamente el verano se acerca. Las pruebas se acumulan. Ya no puedes comprar los ferrero rocher, para disgusto de la Preysler, y los huevos de chocolate con el juguetito/sorpresa cambian de formato, pasando a ser la versión estival, es decir, una especie de mousse para consumir con una palita.

Eso sí, los juguetitos/sorpresa siguen siendo igual de puñeteros. Digo yo que lo de sorpresa es por aquello de la cara que se te queda cuando tu hija te suelta aquel amasijo de piezas y, con cara de cachorro desvalido, te suelta un “¿me lo montas, papi?”

Además suele ser en el momento más inoportuno, como por ejemplo tomándote una cervecita con la pariente en una terracita. La nena te pide que le compres el huevo y tu accedes para que no te dé la coña y, lo confieso, para que me deje alguna oliva en el plato, que no sé que tienen, pero desde niña se las come como las pipas.

Pero volviendo a la sorpresita del interior del maldito huevo ¿En qué piensan los diseñadores de esos juguetitos mientras trabajan? Son el mal personificado. ¿Qué les pasa por su torturada mente? Parece como si les jodiera haber estudiado una licenciatura en ingeniería y un master en diseño industrial, para acabar diseñando juguetes de plástico que puedan caber, debidamente despiezados, en un envase ovoidal del tamaño de una pelota de ping pong. ¡Leñe, que se venguen con otros! Ellos seguro que tuvieron padre y…oh wait!

Bueno… pero seguro que tuvieron madre, y no hay nada peor para un progenitor que tu retoño vea las gotas de sudor que recorren tu frente mientras intentas montar uno de esos jugueticos de más de treinta piezas. Ahí estás tú, con tu orgullo de padre intacto hasta ese momento, sintiendo en el cogote el aliento de tu vástago mientras intentas unir todas las piezas, por supuesto, sin mirar las instrucciones de montaje porque para eso eres padre y puedes con todo.

maxresdefaultPara cuando acabas, tu hija te dice: “papá, eso no es un camión todoterreno”. Tú le miras con cara de breva madura y decides echar un vistazo al papelito de las instrucciones que, como es de la misma escala que el juguete, tiene las dimensiones de un sello de correos, lo que te obliga a ponerte las gafas de cerca, lo que termina de minar tu condición de superpapá. Entonces te ves en la tesitura de tener que darle la razón a tu hija, que no tiene edad para hacer multiplicaciones pero que no tiene problemas en ponerte peguitas.

Miras el sello, donde hay dibujada en una cara una extraordinaria escena de acción, con tres camiones con tracción integral realizando todo tipo de proezas en un escenario de película, a todo color, y miras a lo que acabas de montar. Está claro que no es un camión, ni siquiera un vehículo, aquello parece un inodoro para su uso en gravedad cero.

Te pones serio y, como un adulto, escurres el bulto.

―Tienes razón hija ―respondes poniendo cara de ingeniero aeroespacial―, he debido montar otra versión diferente. Anda vete a jugar un rato y en cuanto te monte el camión te llamo.

―Vale papi ―responde la carne de tu carne―, pero no te vuelvas a equivocar.

―No hija, no, tranquila ―respondes ahogando un “la madre que la parió”.

Lo dicho, estos diseñadores son unos ca… De todas formas, ¿cómo los contratan? Yo me imagino que tiene que ser algo así:

―Buenos días, vengo por lo del trabajo de diseñador de jugueticos.

―Sí, ya veo que es usted ingeniero, con un master en diseño… que quiere que le diga, tenemos un montón de candidatos.

―Soy una persona muy creativa y…

―Veo que hay en su curriculum un salto de dos años en los que no hizo usted nada.

―Sí…bueno, estuve ingresado en una institución mental por un problema de…

―¡Contratado!

Siguiendo con el montaje del juguetico, en cuanto la criaturita se aleja te pones a montar el camión de los… de la tracción integral, ante la mirada de conmiseración de tu esposa. Apartas, con una ligera punzada en el pecho, la jarra de cerveza y el plato de olivas, y sitúas ordenadamente las piezas sobre la mesa para, a continuación, levantar el sello de correos con las instrucciones y le das la vuelta para ver cómo se monta aquello y sin darte cuenta frunces el ceño. Te percatas que lo frunces porque tu mujer ha estado esperando pacientemente para soltarte, con una sonrisa de hada madrina:

―¿Está difícil?

―No, no ―contestas tú―. Es que estos dibujos son algo confusos.

Y ahí, te remata a puerta vacía:

―Pero si es solo un juguete de na.

¡De na! ¡Treinta piezas que se deben de montar siguiendo las instrucciones comprendidas en uno o dos dibujicos que caben en un sello de correos!

Y esa es otra. ¿De dónde sacan a los… que hacen las instrucciones? Los que diseñan los juguetes son el mal, pero los que dibujan las instrucciones son lo siguiente. Me imagino la oficina de estos desgraciados recibiendo un nuevo encargo:

―Tenemos que hacer las instrucciones de un camión todoterreno. Aquí está el camión montado, y aquí en piezas.

―¿Cuántas piezas?

―Treinta.

―Cojonudo, por debajo de veinte no podemos joderle la vida a nadie.

― ¿Cuántos pasos se necesitan para el montaje?

―Doce.

―Vale, pues entonces con dos dibujos, cuatro flechas y sin texto ¡arreglado!.

―Igual no lo puede montar nadie.

―Joder tío, es un juguete de na. Además lo van a montar los padres.

― ¡Ah, sí!, los padres… he oído hablar de ellos.

―De todas formas, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿qué en lugar de un camión les salga un inodoro para su uso en gravedad cero?

―Jajaja, ¡eres la bomba! ¡Me parto con tu sentido del humor!

peticion-matrimonio-un-huevo-kinder-L-TR4HQbInsisto, ¿de dónde los sacan?, ¿qué clase de mente retorcida puede trabajar en el departamento de recursos humanos de la fábrica de huevos para contratar a este tipo de individuos? Claro que los de control de calidad deben de ser muy parecidos, porque me gustaría verlos montando los jugueticos siguiendo esas instrucciones. Supongo que los recortes de personal afectan primero a esos puestos.

Y a estos diseñadores, ¿cómo los eligen?, debe ser algo parecido a esto:

―Vengo por el empleo de diseñador de instrucciones de montaje.

―Interesante y variado curriculum, filología, psicología industrial.

―Sí, ya sabe, empiezas con algo que es… luego te dices que aquello no es lo que… y entonces encuentras la respuesta y tal.

―¡Contratado!

Al final, cuando el sol llega al ocaso, terminas el montaje del puñetero juguete y llamas orgulloso a tu hija. Esta viene saltando alegremente, coge el camión en sus manos, lo intenta rodar por la mesa y lo suelta.

―No rueda ―y lo tira sobre la mesa― ¡Vaya mie…!

―¡Esa boca! ―le reprende su madre.

Tú, estoico donde los haya, les mandas en silencio un encarecido recuerdo a los parientes de los diseñadores y les deseas las doce plagas a ellos mismos, y te acercas el plato de olivas y le das un trago a tu jarra de cerveza. Tras pasar por tu gaznate el brebaje en otro tiempo fresco y amargo, caliente por los eones que has tardado en montar el inodoro de gravedad cero, sonríes por educación a tu hija y le pides que se vaya a jugar de nuevo, antes de que te conviertas en Godzilla y destruyas Tokio.

Miras como se va la niña mientras buscas al camarero para que te traiga otra cerveza, y te dices a ti mismo que es el último huevo de chocolate que le compras, sabiendo en tu fuero interno que te estás engañando a ti mismo. Entonces tu señora entra a matar:

―¡No sé por qué le compras más huevos!

Como todo un profesional templado, te metes seis olivas de golpe en la boca para no tener que hablar y le pides la cervecita al camarero por señas.

Lo dicho, el verano ya está aquí y, como todos los años, viene cargado de trampas donde menos te lo esperas. Ir por la sombra y tener mucho cuidado ahí fuera.