Traslado del Archivo Secreto Vaticano a París en 1810

Descifrando La Profecía de Praga (2).

Durante la dominación de Italia por Napoleón, este promulgó en 1810 un edicto que ordenaba la apropiación de los Archivos Papales, incluido el Archivo Secreto, y su traslado a Francia. Inicialmente el destino iba a ser la localidad de Reims, pero finalmente se enviaron a Paris para su estudio.

Sucesivos transportes, formados por filas de carros, trasladaron más de tres mil cajas y cestas de documentos hasta París desde febrero de ese mismo año. En la capital se había pensado guardarlos en el Archivo Central del Imperio, que se estaba construyendo en el Campo de Marte, y de manera provisional se alojaron en el Palacio Soubise.

trasladoarchivo1

Grabado del traslado de los Archivos Vaticanos a París

En Paris los archiveros imperiales se dedicaron a clasificar toda la documentación incautada, estableciendo dieciséis categorías. Aun hoy esta clasificación se conserva en muchos documentos.
Tras la primera caída de Napoleón en 1814, el rey Luis XVIII, decidió devolver los archivos vaticanos. El Papa envió a París a monseñor Gaetano Marini (prefecto del Archivo Vaticano), su sobrino monseñor Marino Marini y más tarde el conde Giulio Ginnasi.
El 28 de abril de 1814 se realizó en París la entrega pública de los archivos vaticanos que se encontraban en el Palacio Soubise a manos de Monseñor Emanuele De Gregorio (posteriormente secretario de la Congregación del Concilio y cardenal), de Gaetano y Marino Marini. Estos últimos empezaron a preparar los envíos hacia Roma del importante material archivístico, pero las operaciones fueron interrumpidas por el regreso al poder de Napoleón (periodo conocido como los cien días) en febrero de 1815. Gaetano Marini murió en París poco después y Marino Marini partió rumbo a Italia, mientras los documentos sufrieron graves daños y alteraciones.

Desterrado Napoleón definitivamente a la isla de Santa Elena, el 12 de agosto de 1815 el Papa Pío VII dio a Marino Marini la orden de regresar a París y devolver los archivos al Vaticano. En octubre de ese año partieron los primeros envíos, con los inconvenientes y riesgos que ya sufrieron en su viaje de ida (pérdida de carros enteros en puntos del trayecto como ríos y montañas, y los problemas de las inclemencias del tiempo).

El 23 de diciembre de 1815 retornaron los primeros documentos, y el Papa solicitó al conde Ginnasi que recuperara la parte del archivo que aún se encontraba en suelo francés. Los ingentes gastos de transporte aconsejaron a la Secretaría de Estado dar la disposición de ahorrar a los encargados en París por lo que el mismo cardenal secretario de Estado Ercole Consalvi decidió que los «papeles inútiles, que se pudieran echar a las llamas, fueran destruidos in situ». El conde Ginnasi se aplicó en exceso y quemó cientos (o miles) de unidades, al mismo tiempo que vendió varios miles más como papel a los charcuteros parisinos, de manera que muchas series de archivos vaticanos quedaron mutiladas y otras quizá desaparecieron por completo. En años posteriores, todo el material que no fue destruido, vendido o perdido, volvió gradualmente a Roma.

trasladoarchivo2

Retorno de las obras de arte y del material archivístico de París

 (Fresco de Francesco Hayez)

 

Deja un comentario