REPUBLíCANO. Bestiario Político nº3

3 – REPUBLíCANO

 

“Ave política marina de enorme pico, en forma de bolsa, lo suficientemente grande y democrático para tragarse entera una monarquía parlamentaria por imperativo legal”.

 

De gran tamaño para tratarse de un ave política marina, el Republícano tiene un vuelo majestuoso y elegante fruto de sus enormes alas, si bien sus amerizajes adolecen de donaire. Probablemente ello se deba al modo en que obtiene su alimento, el pescado democrático, que captura mediante una ancestral técnica consistente en volar sobre las aguas sociales hasta que una vez avistada su presa cerca de la superficie, se lanza en picado plegando sus alas y atraviesa el cristalino sistema político con su enorme pico, debidamente cerrado, que abre justo en el momento en que está próximo a su preciado objetivo.

Esta es su característica más significativa, su pico de gran tamaño, en cuya parte inferior dispone de una membrana en forma de bolsa en la que encierra a su presa y la sitúa en la posición idónea para su consumo, de tal modo que solo tiene que levantar el rostro, alinearlo con su cuello y realizar varios movimientos de vaivén que deslizan la captura hasta su aparato digestivo.

La gran longitud de sus alas argumentativas le permite volar sobre los hábitats parlamentarios con soltura, sin miedo a perder altitud, velocidad e incluso majestuosidad en sus movimientos. Otra cosa es cuando aterriza en alguna roca parlamentaria o en la superficie de algún sistema participativo. Es en ese momento cuando sus deficiencias se muestran con mayor claridad, haciendo que le resulte complicado aceptar la falta de ballenas republicanas y deba tragar cualquier otro alimento, incluido un parlamentarismo monárquico bajo en nutrientes.

Su presa favorita, como se ha dicho es el pescado socialdemócrata, y dentro de esta especie su manjar preferido, el santo grial de su dieta, es la ballena república. Su afán y el tiempo que dedica a alcanzar este tipo de presa es lo que llevó a darle nombre a esta especie.

Mientras tanto, a la espera de una buena república que llevarse al pico, no le hace ascos a cualquier pescado ni sistema parlamentario, incluyendo los difíciles de digerir para su delicado sistema político-intestinal, monarquías parlamentarias coralinas, merluzas dicta-blandas o socialópodos hereditarios. Todo vale para mantener su metabolismo político en niveles saludables y desarrollar su actividad esencial, que ocupa buena parte del tiempo no empleado en alimentarse: diseñar y adaptar su ecosistema marítimo parlamentario y hacerlo óptimo para acoger grandes bancos de ballenas republicanas, con todos sus nutrientes.

De hábitos básicamente solitarios fruto de su particular visión del ecosistema democrático, no le hace ascos a la proximidad de otras aves en su hábitat parlamentario marino, sabedor de la dificultad de aquellos en unos casos, y el desinterés en otros, para hacerse con las piezas que conforman su sustento favorito. El resto de especies no son capaces de levantar el vuelo con presas de gran tamaño como una república y se conforman con pececillos parlamentarios. Sabedor de su superioridad a la hora de conseguir sustento, no percibe a sus vecinos como competidores por el alimento electoral y la supremacía del litoral político, y de hecho suele aprovechar la proximidad de estos para llevarse a cuantos pueda a su terreno ideológico.

Solo cuando las ballenas republicanas escasean o modifican sus hábitos migratorios para pasar la época de la cópula plebiscitaria en otras costas, su actitud se vuelve algo más tosca y hace saber al resto de pobladores del litoral democrático que si es necesario él también puede comer otros peces, pero que cuando regresen las repúblicas él estaba primero.

Se reproduce de una manera un tanto aleatoria, reuniéndose con sus congéneres sin que se sepa qué razón o señal les lleva a reunirse. Un comportamiento observado con frecuencia en los últimos tiempos parece revelar que, cada cuatro años aproximadamente, los grupos de republícanos machos elevan sus cánticos en un intento por llamar la atención de las hembras más lozanas y de mayor pico. Cuando consiguen el apareamiento, a ser posible en el momento de la cópula electoral que es cuando la climatología resulta más favorable para toda la fauna política, entran en un estado de tranquilidad en el que pasan horas y horas, durante largos periodos, que en ocasiones puede durar hasta la siguiente cópula electoral, suspirando mientras tanto con poder otear una ballena republicana que llevarse a su enorme pico.

Estos periodos faltos de su preciado alimento, cuando se encadenan unos con otros, llevan a que algunos elementos de la especie, principalmente los más jóvenes, a pensar que la ballena republicana es un animal mitológico, lo que genera una reacción virulenta en los machos de mayor edad. Estos agitan sus alas frenéticamente y remontan el vuelo reproduciendo las técnicas de caza de repúblicas y narrando cómo sus ancestros, en tiempos remotos, consiguieron hacerse con las más grandes capturas que se recuerdan.

Este tipo de discusiones entre machos jóvenes y adultos suelen terminar con comentarios nostálgicos de estos últimos sobre el grandioso sabor de la especie francesa o la americana, y las preguntas de los más jóvenes sobre si es mejor una dieta representativa o una participativa baja en sal.

Los grupos defensores de la naturaleza son optimistas sobre el futuro de esta especie, pero lanzan un mensaje de advertencia al mundo entero. El cambio climático que se está produciendo de manera inexorable puede poner en peligro la población de ballenas, y en particular de las republicanas, y ello podría llegar a afectar a la población de republícanos en un futuro.