ORNITOBRINCO. Bestiario Político nº2

2 – ORNITOBRINCO

 

Animalillo político de difícil clasificación incluso para él mismo. Igual ahora se junta con los mamíferos que mañana se afilia a los ovíparos”.

 

El ornitobrinco es una especie cuyos individuos resultaban difíciles de ver en tiempos pasados pero que, en la actualidad, gracias a las nuevas tecnologías, las redes sociales y un creciente interés por la zoología política, comienzan a ser avistados con mayor asiduidad y frecuencia.

Es un animalillo que genera una enorme ternura inicial con su suave pelaje político y su pico similar al de los tiernos patitos demagógicos. Le cae bien a unos y otros mientras lleva una vida plácida y democrática en su hábitat habitual, que exige la presencia de una charca parlamentaria de aguas democráticamente cristalinas.

Sus amigos y vecinos le tienen por una especie de mamífero peludo, con el rostro ligeramente afilado por su pico demagógico, apéndice de enorme dureza, que le permite escavar en el fondo de la charca parlamentaria donde se sumerge a la búsqueda de su alimento.

Los ornitobrincos nadan majestuosos bajo el agua realizando las funciones de caza y alimentación como cualesquiera mamíferos acuáticos, exhibiendo con claridad que pertenecen a tal género ideológico, capturando sus presas ante la atenta mirada de los demás habitantes de la charca parlamentaria.

Se alimentan de propuestas parlamentarias y declaraciones públicas plagadas de sentido común, rectitud y apertura democrática, características que les llevará en su momento a cimentar las habilidades y capacidades necesarias para aceptar su verdadera condición.

El elemento esencial de su posible evolución política viene dado, habitualmente, en el momento de la cópula electoral y tras una disensión en la manada. Aquí puede llegar a mostrar su gran capacidad de adaptación política, animal y dialéctica, sorprendiendo a propios y extraños cuando decide que va a evolucionar por medio de la sabiduría parlamentaria adquirida y el descubrimiento de su ser más profundo y recóndito, lo que le lleva a convencerse de ser capaz de poner huevos democráticos en cualquier escaño libre de ocupantes, mostrando o, a veces descubriendo ante su propia sorpresa, que ya no es un mamífero y que lo de poner huevos, lejos de un capricho, es su destino natural oculto por dios sabe que ley de la naturaleza política.

Este nuevo descubrimiento lleva al animalillo a manifestar públicamente su estupor y sorpresa al descubrir su nueva condición, exhibiendo con majestuosidad lo mucho que le separa de los mamíferos y manifestando con alegría todos esos elementos de su vida pasada que apuntaban, sin ningún género de dudas, a su verdadera condición de ovíparo de pura cepa.

Tras el descubrimiento de la verdad oculta en su interior, el ornitobrinco entra en un proceso de metamorfosis política que le llevará por el duro viaje evolutivo que va desde la etapa inicial de larva de mamífero parlamentario a la final de ovíparo democrático adulto, terminando el proceso con la puesta del huevo en su nuevo escaño mientras gorgotea o cacarea un canto que viene a ser, según expertos en lingüística parlamentaria algo así como: “no me juzguéis por ser diferente, soy así y acabo de descubrirlo, no es mi culpa, es la naturaleza de las cosas

La extraordinaria metamorfosis no solo extraña al ornitobrinco, causando desasosiego y un punto de tristeza por el tiempo perdido como mamífero, sino que deja atónitos a todos los habitantes del ecosistema parlamentario y hábitats vecinos, generando en muchas ocasiones reacciones virulentas de sus anteriores compañeros de manada y actitudes de desconfianza con sus recientemente descubiertos hermanos políticos ovíparos.

Si todo transcurre con normalidad, la transformación política se completa plenamente y el nuevo huevo programático se incuba en el escaño obtenido gracias al calor de los votos obtenidos con el apoyo de su nueva manada, tras una campaña electoral en la que el nuevo miembro se involucra totalmente como parte de su proceso de metamorfosis.