EL MAPA DE VINLANDIA. UN FAKE DE LA POSGUERRA

El mapa de Vinlandia. Un fake de la posguerra

La primera ocasión en que escuché la hipótesis de europeos pisando el nuevo mundo antes de lo recogido en la historia oficial, fue en relación con mi interés por la historia de los Templarios. Una de las teorías que barajan algunos de los amigos de la conspiración y del mantenimiento del mito templario es que, tras el arresto masivo de 1307, la flota templaria amarrada en La Rochelle habría huido de Europa para esconder el «tesoro templario» en América. Al menos una parte, ya que se plantea en otras fuentes la huida a Escocia donde encontrarían refugio y acabarían participando en la creación de la masonería.

flotaIncluso algunas de estas fuentes se permiten hablar de minas de plata en el continente americano, explotadas por los templarios décadas atrás de su disolución, y supuesto origen de sus riquezas o del crecimiento inusitado de las mismas. Como si todas las tierras y sus correspondientes rentas, recibidas por el Temple, no pudieran justificar por sí mismas la riqueza de la orden. Y no olvidemos el más que probable tráfico marítimo con Oriente, donde llegaban barcos cargados con pertrechos, animales y caballeros para el mantenimiento de la guerra contra el sarraceno y, estos barcos, retornaban con mercancías con las que comerciar en Europa.

La segunda ocasión es la teoría, manejada en muchas fuentes, que sostiene la llegada de los vikingos siglos antes que Colón al norte del continente americano. En este sentido, en 1960 unas investigaciones arqueológicas realizadas en L´anxe aux Meadows, en Terranova, desenterraron pruebas inequívocas de un antiguo asentamiento vikingo.

Ahondando en esta cuestión apareció poco después un elemento que encajaba «a la medida» con este dato y que es el motivo de este artículo: el Mapa de Vinlandia, cubierto de misterio y dudas desde su aparición y que parece que llegamos finalmente a poder desentrañarlo.

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Mapa de Vinlandia presentado por la U. de Yale

Esta historia salta a la opinión pública el once de octubre de 1965, la víspera del Día de la Hispanidad, la conmemoración del descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón. La Universidad de Yale anunciaba a bombo y platillo, en una multitudinaria rueda de prensa, un descubrimiento cartográfico que obligaría, de ser cierto, a reescribir la historia oficial: un mapa que acreditaba que los vikingos llegaron al norte del continente americano desde Groenlandia, creando un asentamiento en el siglo XI. ¡Tres siglos antes que Cristóbal Colón!

Ni que decir tiene que la comunidad italoamericana se puso en pie de guerra contra este descubrimiento, anunciado en ese preciso día, que entendían como un ataque hacia «su descubrimiento» toda vez que, asumiendo que Colon era genovés, el descubrimiento lo consideran suyo.

Pero en nuestro territorio patrio también se sacaron la uñas. Torcuato Luca de Tena publicó en ABC, al día siguiente, un artículo titulado «Los mil y un descubrimientos de América» y en primera página de tipografía el diario se despachaba a gusto: «Necrofagia cultural: La Universidad de Yale exhuma el cadáver de una viejísima leyenda desprestigiada».

Dejando a un lado el revuelo ocasionado a nivel moral en las comunidades que sienten como propio el descubrimiento del nuevo mundo, lo excepcional del mapa era la descripción de tres grandes islas en el noroeste, denominadas Isolanda Ibernica, Gronelada, y Vinilanda Insula, qué serían la representación de lo que hoy conocemos como Islandia, Groenlandia y el norte del continente americano, la zona de Terranova.

Además, el mapa incluía un pequeño texto en latín, en la zona superior izquierda del pergamino, que hablaba de la expedición. Parte de ese texto viene a decir algo así como «…por voluntad de Dios, y después de un largo viaje desde Groenlandia hacia las regiones más remotas del sur del océano occidental, navegando entre los hielos, los compañeros Bjarni y Leif Ericson hallaron una nueva tierra desconocida, muy fértil, en la que encontraron parras cargadas de uvas, a la que llamaron Vinlandia».

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Ampliación del texto de la parte superior izda del mapa

El tal Bjarni se cree que sería Bjarni Herjolfsson, que aparece citado en la saga de los Groenlandeses como el primer europeo que habría avistado las costas de América a finales del siglo X, y Leif Erikson sería uno de los posibles hijos de Erik el Rojo al que se atribuye la cristianización de Groenlandia en algunas fuentes, si bien algunos especialistas ponen esto en duda y consideran que fue un montaje de finales del siglo XII.

El texto añade que ambos, tras crear un asentamiento en «la tierra de las vides», recibirían la visita de Erik «legado de la Sede Apostólica y obispo de Groenlandia y las regiones vecinas».

Pero vayamos desgranando esta historia que, como veremos, tiene mimbres para un buen thriller y bien podría ser el argumento de una de mis novelas: un documento antiguo que contradice la historia oficial, una compraventa en la que el intermediario cambia de historia sobre el origen del documento, pruebas científicas que defienden unas la autenticidad y otras la falsedad del documento, un robo de libros y documentos antiguos en una institución religiosa, española para más señas… En fin, no lo alargo más, empecemos:

PRIMER ACTO: El mapa misterioso

Corre el año de 1957 y un tratante internacional ofrece un volumen al Museo Británico. Dicho volumen contenía un extraordinario e inquietante mapa y un texto manuscrito que pasaría a conocerse como la relación Tártara, un relato que describe el viaje que el misionero franciscano Giovanni da Pian del Carpine hizo a la corte mongola en 1245, como enviado del Papa Inocencio IV. Los especialistas coinciden en que se trataría de una versión de la Ystoria Mongalorum que en su día escribió el propio Carpine.

En el Museo Británico, los especialistas que examinaron el volumen reconocieron lo relevante que podía ser el mapa, pero tenían importantes dudas sobre su autenticidad: No estaba acreditado un registro ininterrumpido de la posesión del volumen, el mapa contenía algunos errores difícilmente explicables en un documento de ese tipo y época y, por último, la participación o implicación en la venta de un librero italo-español de dudosa fiabilidad, que generaba cierta incertidumbre.

Tras el rechazo del Museo Británico el volumen llega a Estados Unidos de la mano del marchante Laurence Witten, que lo ofrece a la Universidad de Yale donde es analizado inicialmente por expertos de la biblioteca de la universidad que, al igual que sus colegas británicos dudaron inicialmente de la autenticidad del mapa. Se percataron que si bien el manuscrito de la relación Tártara parecía del siglo XV la encuadernación era claramente del siglo XIX. Además, el mapa no terminaba de encajar en el contexto general, es decir, no aportaba nada al contenido de la relación Tártara. Finalmente, en el reverso del mapa se distinguía una inscripción: «Primera parte, segunda parte y tercera parte del Speculum»

Del mismo modo, las páginas estaban atravesadas por agujeros de gusanos, algo habitual en documentos antiguos, en los que no es extraño encontrar las marcas producidas por larvas que se alimentan de los pergaminos. Pues bien, los agujeros presentes en las páginas de la relación Tártara no coincidían con los del mapa, lo que indicaba sin ninguna duda que originalmente mapa y manuscrito no habían estado juntos, habiendo sido unidos con posterioridad.

Un año después de manera milagrosa, o puede que no, aparece otro manuscrito, el Speculum historiale de Vincent de Beauvais. Parece ser que Witten tuvo la corazonada de que ese Speculum historiale podía ser el mismo que se citaba en el reverso del mapa y decide comparar las huellas de los gusanos de marras de los tres documentos. La conclusión a la que llega es que, en algún momento, el mapa, el Speculum historiale y la relación Tártara estuvieron encuadernados juntos y por ese orden, tal y como lo acreditaban sin ningún lugar a dudas los agujeros de gusano coincidentes.

Presentada esta nueva evidencia a los expertos estos llegan a la misma conclusión: que en algún momento, presumiblemente en el siglo XIX, se habría realizado la separación del volumen «original» para obtener otros dos, lo que de paso justificaría que la encuadernación del mapa y la relación Tártara fuera más antigua que los documentos.

Pero otros datos también apoyaban esta afirmación. Las marcas de agua que se encontraron en las páginas de ambos documentos eran idénticas y llevaban hasta la ciudad de Basilea y a un posible Concilio que pudo tener lugar alrededor de 1440. También, el análisis de la caligrafía parecía indicar que eran obra de la misma mano.

4167_originalEl mapa termina siendo adquirido por un antiguo alumno de Yale, Paul Mellon. Según parece pagó un millón de dólares bajo la condición de que se acreditara su autenticidad. A partir de ese momento, bajo un enorme secreto, se realiza la investigación que culminó en el trabajo de los investigadores contratados por Yale para analizar el documento: Skelton, Marston, y  Painter, presentado en octubre de 1965 en la conferencia de prensa: The Vinland map and the Tartar relation. La investigación afirmaba que el mapa habría sido elaborado a mediados del siglo XV por un autor desconocido, varias décadas antes de la llegada de Colón a las costas americanas.

Acreditada con ese trabajo la autenticidad del documento, Mellon lo donó a la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale.

SEGUNDO ACTO: ¿Quién nos manda meternos en estos líos?

A la hora de analizar un documento antiguo de cara a establecer su autenticidad, además de las pruebas de su posesión ininterrumpida y referencias en otras obras acreditadas de su existencia, están los análisis puramente científicos que permiten realizar pruebas al papel o pergamino, a la tinta, a la encuadernación y otros aspectos accidentales como pueden ser la actividad de determinados insectos, las manchas, rastros de polen, sustancias varias etc… que acreditarían su exposición a un determinado ambiente o su permanencia, incluso, en una determinada zona geográfica en un determinado momento. Además, estos análisis técnicos permiten establecer comparaciones con documentos de la misma época, que ayudan a acreditar su veracidad y su antigüedad.

En el caso del mapa de Vinlandia, los investigadores de Yale realizaron un estudio profundo de cuestiones generales del volumen, su contexto histórico, apariencia etc…, pero en lo relativo a las pruebas técnicas se realizaron aquellas que no pusieran en peligro la integridad del volumen. Es decir, no se realizaron técnicas invasivas que habrían sido ineludibles de cara a analizar en profundidad tanto la tinta como el pergamino.

Con el análisis no invasivo los investigadores no tuvieron problemas en afirmar que el pergamino, la tinta y la caligrafía encajaban con la época en la que presumiblemente se habrían elaborado los manuscritos, alrededor de 1.440, algunas décadas antes de que Colón emprendiese su viaje de descubrimiento de las Indias.

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Artículo del SUNDAY TIMES del 06/03/1966

Tras la publicación de la investigación y la presentación en sociedad del que pasó a ser conocido como el Mapa de Vinlandia, la comunidad científica comenzó a mostrar sus dudas y reseñar los puntos débiles del «hallazgo», obligando a los autores de la investigación a defender su trabajo.

De entre las dudas planteadas por los especialistas en un primer momento, las más interesantes, y sin ser especialmente profundo, son las siguientes:

Singularidad del mapa: Cuando se presentó el mapa oficialmente, los investigadores resaltaron que se trata del primer y único ejemplo de cartografía escandinava medieval, lo cual era absolutamente cierto ya que los vikingos no usaban cartas de navegación que se sepa. No existe fuente alguna que mencione el uso de mapas por los vikingos.

Representación de Groenlandia: En el mapa, Groenlandia aparece como una isla y con una forma extremadamente parecida a su forma real, cuando en la época de la supuesta llegada a América de los vikingos aún no se había circunnavegado Groenlandia y se pensaba que se trataba de una península, y como tal aparecía reflejada en los mapas conocidos hasta finales del siglo XIX. No fue hasta 1892 cuando el explorador norteamericano Robert Peary exploró las costas más septentrionales y estableció que Groenlandia era una isla.

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Vinlandia y Groenlandia quedan fuera del marco ovalado general del mapamundi

Estructura del mapamundi: Lo cierto es que el mapa no mantiene el equilibrio o la coherencia de otros mapas. Una mirada no especialmente experta, pero sí acostumbrada a ver mapas antiguos, se da cuenta inmediatamente que hay una cierta desproporción. En los mapas se representan las distintas tierras y mares dentro de un marco circular o elíptico. Pero si miramos con detenimiento el mapa podemos ver que tanto Vinlandia, como Groenlandia e Islandia, quedan fuera del marco ovalado que recogería al resto de las zonas representadas.

Esto es lo que lleva a pensar que se copió un mapa anterior y se le añadió a posteriori la representación de las tres islas, generando ese desequilibrio en el dibujo.

Otras críticas a la fiabilidad del mapa eran que no se reflejaba el mar de Mármara, la incorrecta ubicación de Creta y la escasa descripción del mar Egeo, algo que en el siglo XV no habría sido aceptado como un buen trabajo cartográfico. De la misma manera se planteaban dudas sobre el latín utilizado en el mapa, que contenía ortografía posterior al siglo XV o denominaciones que inducen a pensar en un texto italiano traducido al latín.

Todas estas críticas, provenientes de prestigiosos especialistas, llevaron a la Universidad de Yale a encargar en 1972 análisis químicos más profundos del mapa y los manuscritos. El elegido fue el químico estadounidense Walter McCrone, que concluyó que el mapa era falso.

Sustentaba tal afirmación tras analizar la tinta empleada. Las tintas más utilizadas en la Edad Media eran las denominadas ferrogálicas, cuya principal característica es que con el paso del tiempo, se van difundiendo y pierden nitidez, presentando una apariencia de oxidación que es lo que ocurre en realidad dada la presencia de hierro en la tinta.

Los análisis de McCrone revelaron que la tinta del mapa no solo no era ferrogálica sino que contenía dióxido de titanio en forma de anatasa. Este material se puede encontrar en forma natural pero los restos hallados, dada su forma y uniformidad, eran un producto refinado, casi químicamente puro, que necesariamente habría sido producido de manera artificial. Dado que la anatasa no empezó a producirse hasta 1920 su conclusión era obvia: El mapa tenía que haber sido elaborado después de dicho año. Dicho de otro modo: el mapa era un engaño que se había intentado «cubrir» con los manuscritos auténticos que lo acompañaban.

ABC

Artículo de BLANCO Y NEGRO de 09/02/1974

Los datos de McCrone cayeron como un jarro de agua fría para los defensores de la autenticidad del mapa de Vinlandia. Aquí en España el ABC publicó el nueve de febrero de 1974 un artículo en su revista Blanco y Negro con un rotundo título «EL FALSO MAPA DE VINLANDIA» y el subtítulo «ABC lo denunció el mismo día de su divulgación» por si había dudas.

A principios de la década de los ochenta otro químico, Arthur David Baynes-Cope, realizó nuevos análisis al ser puestos en entredicho los realizados por McCrone, y sus conclusiones fueron similares. Aunque añadía un elemento nuevo: en su opinión el dibujo del mapa estaba excesivamente descolorido y el pergamino tenía un aspecto difuminado, lo que le llevaba a pensar que había sido probablemente sometido a algún tipo de tratamiento químico para eliminar alguna escritura anterior.

Esta valoración implica, o más bien insinúa, que se habría obtenido un pergamino de esa época, o incluso una página de la original encuadernación de la relación Tártara y el Speculum historiale, se habría borrado el texto y una vez limpio se habría ejecutado el dibujo del mapa.

En cuanto a la tinta, concluyó que la usada en el mapa tenía una estructura diferente tanto de la que tenían relación Tártara y el Speculum historiale como la de otros manuscritos de esa época. La de estos últimos era ferrogálica mientras que la del Mapa de Vinlandia no lo era.

El tema de la autenticidad del mapa siguió teniendo actividad durante un par de décadas más, con cruces de acusaciones entre los defensores de la autenticidad y de la falsedad, así como de trabajos y artículos en los que cada especialista involucrado en alguno de los estudios defendía su proceder. A finales del siglo XX distintos expertos como Jacqueline Olin y Kenneth Towe realizaron nuevos análisis usando técnicas más novedosas y llegaron a las mismas conclusiones que McCrone y Baynes-Cope: todo apuntaba a que el mapa de Vinlandia era una falsificación.

TERCER ACTO: Los dedos manchados de tinta (La pistola humeante)

A la vista de lo anterior parece claro que el mapa de Vinlandia es falso. De hecho parece que en Yale ya lo tienen asumido y en 2013 el profesor de historia de esa universidad, Paul Freedman, afirmó que «desafortunadamente» el mapa era falso.

Pero ¿quién pudo realizar e idear este engaño? La necesidad de utilizar materiales de calidad, en concreto pergamino del siglo XV, para dibujar el mapa y que fuera de la misma época que los manuscritos con los que iba a ser encuadernado, nos dibuja una parte del perfil del autor: alguien con acceso a documentos antiguos, con conocimientos y contactos en el mundo de la compraventa de libros antiguos y con una cierta base técnica para poder encajar el engaño en un contexto adecuado y con apariencia de autenticidad.

El primer sospechoso fue Luka Jelic, profesor de derecho canónico en el Seminario de Zadar, y que habría fallecido en 1922. De este sospechoso, el artículo de Blanco y Negro que he citado anteriormente le daba como seguro autor de la falsificación. Pero su autoría es poco probable dado que el mapa habría sido realizado con posterioridad a 1920, y el uso de la anatasa no parece que pudiera estar tan extendido para que le diera tiempo a Jelic a realizarlo antes de fallecer.

Más adelante la historiadora Kirsten Seaver señaló como autor de la falsificación a Joseph Fischer (1858–1944), en su libro Maps, myths and men: the story of the Vinland map.

La hipótesis recogida por Seaver en su libro es interesante: Fischer, jesuita austriaco especialista en cartografía del siglo XV, habría querido dejar en evidencia a los nazis que pretendían adjudicar el descubrimiento de américa a los vikingos y, por elevación, a la raza aria. Con su falsificación daría base a ese interés pero obligaría a los nazis a aceptar que, si bien fueron los vikingos, lo hicieron de la mano de la iglesia católica a la que los nazis detestaban. A tal fin, se habría añadido el texto de la parte superior izquierda del mapa que habla del viaje a las nuevas tierras realizado por el obispo Erik.

Esta teoría tiene su aquel, no lo niego, pero no termino de verle la lógica necesaria. Si los nazis picaban el anzuelo todo perfecto, pero el riesgo de ser descubierta la falsificación estaba ahí. Además, como señalaron algunos expertos, el mapa tiene defectos importantes que alguien del nivel académico de Fischer no parece que pudiera cometer.

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Miembros de la Ahnenerbe en una expedición al Tibet

Por otro lado, ese tipo de investigaciones estaban en aquellos años bajo el paraguas de la Ahnenerbe, la organización responsable de las investigaciones más especiales de los nazis, como por ejemplo la búsqueda del Grial desarrollada en parte por Otto Rhan. Nada se ha encontrado, que yo sepa, entre las investigaciones de la Ahnenerbe relativo a su interés por este mapa. Si Fischer hubiese «colocado» o enseñado el mapa seguro que habría constancia por alguna parte. La ausencia de referencias en una cuestión como esa, de interés para los nazis, me lleva a pensar que el mapa se realizó tras la II Guerra Mundial.

En mi opinión, el texto del mapa cumple dos misiones: Introduce a dos personajes citados en las fuentes vikingas, reconocidos por su actividad exploradora, que darían cierta base a la autenticidad del mapa, por otro lado, rellenaba el lado izquierdo del pergamino reduciendo la desproporción o asimetría del mapa de la que ya he hablado.

En suma que la relación Tártara parece claramente como la prueba de autenticidad o el sello de calidad del mapa. Desafortunadamente los gusanos chafaron inicialmente el plan y tuvieron que reintroducir en escena el Speculum historiale para reconducir el montaje.

Pero a mí me fascina la última línea de investigación. Aquí es donde la historia se vuelve interesante de verdad. Entra en juego el dato objetivo que nos permite encontrar la pistola humeante. ¿Recuerdan que al principio hablé de un librero de origen italo-español del que recelaban en el museo británico? Ese no es otro que el italiano Enzo Ferrajoli de Ry, un sujeto con una vida lo suficientemente interesante para ser el personaje de una de mis novelas:

Enzo Ferrajoli parece ser que nació en Nápoles en 1913. No he encontrado referencias a su fallecimiento, si bien en el artículo de Blanco y Negro de 1974 se le da por fallecido. Fue un oficial del ejército italiano destinado a Barcelona durante la Guerra Civil española. Participó a continuación en la II Guerra Mundial para, a su final, regresar a Barcelona en 1945 donde se instala, monta un negocio de compraventa de libros antiguos y se casa según algunas fuentes, con Margarita Maristany, hija del presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad condal.

Los presuntos contactos de Ferrajoli con el régimen franquista y su pasado militar así como el futuro que se labró en el mundo de los libros antiguos y sus contactos con marchantes europeos, sobre todo suizos, nos dibujan un perfil de alguien con, como diría le Carre, conocimientos en el gran juego.

Ferrajoli es mencionado en varias ocasiones por Witten, el vendedor del volumen, que parece ser que dio a lo largo del tiempo diversas versiones sobre cómo consiguió el volumen. Pero la participación del italiano está contrastada y nos señala al comerciante de libros antiguos con contactos internacionales como el que puso el mapa en circulación.

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Interior de la Seo de Zaragoza

Parece que encaja dentro del perfil requerido para participar en este engaño, pero la cosa se pone aún mejor. Resulta que Ferrajoli fue condenado en 1964 a prisión en España, junto con otras tres personas, por el robo de innumerables libros y manuscritos de la Seo de Zaragoza a lo largo de los años cincuenta. Parece que las reticencias de los expertos británicos, a los que primero se ofreció el mapa, estaban fundadas. La fama de «oscuro tratante de libros antiguos» de Ferrajoli ya era conocida por las islas británicas.

La prueba definitiva llegó en 2013 de la mano de un investigador amateur de Glasgow, John Paul Floyd, que descubrió que tanto la relación Tártara como el Speculum historiale se expusieron en 1892-1893 conjuntamente en un único volumen en Madrid, como consecuencia de la Exposicion Historico-Europea.

Floyd descubrió una referencia a un volumen, procedente de la Seo de Zaragoza, en un libro escrito en 1926 por el sacerdote Cristóbal Pérez Pastor. Dicho libro contenía la mención a la relación Tártara y el Speculum historiale pero no hacía mención a mapa alguno.

De este modo se resuelven todas las especulaciones sobre el origen de los manuscritos y, probablemente, del pergamino utilizado para falsificar el mapa que habría salido de alguna de las operaciones de «acopio» de Ferrajoli en la Seo.

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Reconstrucción actual del asentamiento de L´anxe aux Meadows, en Terranova

Desafortunadamente, al día de hoy, todos los implicados en este asunto han fallecido y no podremos ahondar más en esta historia ya que, si bien sabemos de dónde salieron los manuscritos y el pergamino para elaborar el mapa, no tenemos conocimiento del autor material de la falsificación. En cualquier caso, parece que queda desvelada una cuestión que ha tenido a docenas de investigadores discutiendo durante medio siglo por la veracidad de un mapa.

Curiosamente, la cuestión de la llegada de los vikingos al norte del continente americano parece acreditada por investigaciones arqueológicas. Quizás por las múltiples teorías manejadas a mediados del siglo XX sobre esa cuestión, los responsables de ese engaño decidieron que era una estafa más fácil de lograr, al tener parte de la comunidad científica en una posición proclive a aceptar una prueba que demostraba sus sospechas o teorías.

 

Referencias

https://en.wikipedia.org/wiki/Vinland_map

http://www.maphist.nl/forum/viewtopic.php?f=2&t=360

http://www.afanporsaber.es/2014/08/el-mapa-de-vinlandia-i/#.VtgssCzSnIU

http://antoncastro.blogia.com/2006/082101-el-robo-de-los-libros-de-la-seo.php