LOS ROSACRUCES

Los Rosacruces

Introducción

Continúo con este post el viaje por el mundo del conocimiento hermético y las sociedades secretas que, supuestamente, lo custodian y transmiten desde el medioevo hasta nuestros días. Sociedades a las que algunos acusan de ser responsables o protagonistas de los grandes cambios en la historia reciente, tanto en lo político como en el pensamiento colectivo. Grupos de personas que dicen buscar una transformación total del mundo en el que vivimos.

Mi primera parada me lleva a la antigua y poco conocida Fraternidad de la Rosacruz, a pesar de existir multitud de escritos sobre ella y de los distintos colectivos que, en el pasado y en el presente, se arrogan la condición de descendientes legítimos de la misma.

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Frater llamando a la puerta de la Orden

El origen de esta fraternidad se remonta al siglo XVII, cuando entre 1614 y 1616 se publicaron en Alemania una serie de documentos, conocidos como los Manifiestos, de autoría desconocida.

Durante las siguientes décadas los intelectuales europeos se entusiasmaron con la historia de un tal Christian Rosencreutz y la Fraternidad de la Rosacruz, creada por él mismo, y las ideas plasmadas en los citados Manifiestos. Europa asistió al alumbramiento de más de cuatrocientos textos sobre esta cuestión, que se publicaron en años posteriores aprovechando las oportunidades que, para la difusión de ideas, otorgaba la imprenta. De esa forma los principios recogidos en los Manifiestos se transmitieron por Europa como la pólvora: una fraternidad de hombres capaces de hacerse invisibles, hablar innumerables lenguas, sanar cualquier enfermedad. ¿Cómo no interesarse?

Europa era, en aquella época, el caldo de cultivo idóneo para nuevos planteamientos basados en el cambio y la ruptura con lo vivido hasta el momento. La reforma protestante, poco menos de un siglo antes, la lucha entre la Reforma y la Contrarreforma culminando en la guerra de los Treinta Años y el impulso recibido en el arte, la cultura y la ciencia gracias, en parte, a las transformaciones puestas en marcha por la corte de Rodolfo II de Habsburgo, creaban el sustrato necesario para que los ideales rosacruces echaran raíces.

Los manifiestos

Tres son los textos que componen los Manifiestos y dan origen a esta convulsión, La Fama Fraternitatis (1614), La Confessio Fraternitatis (1615), ambas publicadas en Cassel, Alemania, y Las bodas químicas de Christian Rosencreutz (1616), publicada simultáneamente en Alemania y Estrasburgo.

La Fama Fraternitatis, que conforma el cuerpo básico de las enseñanzas Rosacruces, cuenta la historia de la creación de la fraternidad por Christian Rosencreutz (1378-1484), ¡que habría vivido 106 años en pleno siglo XV!

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Portada de la Fama fraternitatis 1614

La fama se publicó bajo el título de: «Común y general reforma de todo el amplio mundo, seguida de la fama fraternitatis de la orden, elogio de la cruz de Rose, dirigida a todos los sabios y jefes de Europa», y se inicia con una carta a los lectores en la que se habla de la Reforma General, en la que se tratan las reformas sociales y morales necesarias, negándole a la Iglesia su capacidad como guía espiritual, dejándolo en manos del propio individuo y su conocimiento interior. Se señala que la redención no puede ser llevada a cabo por la Iglesias sino por una religión del corazón, tachando al Papa de ser el Anticristo y afirmando que la Rosa-Cruz reduciría a cenizas la triple corona papal.

Este texto no deja de ser una visión satírica de las reformas sociales y morales de la época, una especie de nuevo protestantismo, e incluso unos principios que, en parte y como visión personal, encajan o se acercan bastante al movimiento cátaro del siglo XII, que bebía del saber contenido en las religiones maniqueas originarias de Bizancio.

Algunos autores consideran que la Reforma General sería un extracto de Ragguagli di Parnaso, obra satírica de Traiano Boccalini, publicada en 1612 en Venecia. En cualquier caso se trata, sin duda, de una crítica a la actitud de la Iglesia y especialmente a los abusos del papado, reclamando los principios fundamentales del cristianismo: sencillez y pobreza. Lo que no era lo más adecuado para hacer amigos en las instituciones y les obligaría, sin duda alguna, a mantenerse ocultos.

A continuación se narra la vida de Christian Rosencreutz, que para muchos estudiosos es una figura mítica o alegórica que en ningún caso existió realmente, que habría nacido en Alemania en 1378 en una familia noble. Ingresa muy joven en un convento y acabaría realizando un viaje por Oriente donde entró en contacto con los cultos mistéricos, aprendiendo alquimia, cábala, el pensamiento budista y filosofía musulmana. Allí tuvo acceso al Liber Mundi obra atribuida al propio Dios y que contendría toda la sabiduría del esoterismo árabe.

Finalizado su periplo iniciático regresa a Alemania como un iluminado gracias al conocimiento verdadero y ancestral recibido y crea su propia orden, la Orden Rosacruz, con ocho discípulos a los que transmite su conocimiento en exclusiva, asumiendo que el mundo en el que vive no está preparado para recibirlo. A su muerte, en 1484, la orden desaparece como tal.

A pesar de ese aislamiento, en lo que a la transmisión del conocimiento se refiere, la orden se dedicó a sanar a los enfermos de todo tipo, bajo la máxima de desarrollar las relaciones humanas sobre la base del amor y la fraternidad, buscando un mundo en paz y armonía.

Lo cierto es que esta es una idea que se encuentra en muchas de las órdenes secretas y en las enseñanzas y doctrinas de muchas religiones. Podemos encontrar estos principios tanto en los evangelios como en la ya citada herejía cátara.

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Primera página de la Confessio Fraternitatis

La Confessio Fraternitatis es un anexo de la Fama Fraternitatis; a la Confessio propiamente, le precede la Consideratio Brevis de Felipe de Gabella, texto que parece estar basado en la Mona hyeroglyphica de John Dee… sí, en efecto ¡John Dee! El alquimista y matemático, asesor de la Reina Isabel y alquimista en la corte de Rodolfo II de Habsburgo. Para quienes éste sea el primer post de un servidor que leéis, os recomiendo otros dos: Grimorios y libros de poder y Rodolfo II de Habsburgo, y sabréis a lo que me refiero.

La Confessio, a continuación, describe el descubrimiento accidental de la tumba de Christian Rosencreutz ciento veinte años después de su muerte, en 1604. La cripta contenía una inscripción que decía «Post CXX annos patebo» (Después de ciento veinte años me presentaré). Sus descubridores hallaron el cuerpo incorrupto de Christian Rosencreutz y a su lado el Libro M, o Liber Mundi, junto con documentos que contenían el conocimiento atesorado por aquel y la información necesaria para reconstruir la orden, con el objetivo de reformar el mundo y conducir a la humanidad a alcanzar la sabiduría.

Las bodas químicas de Christian Rosencreutz narra un episodio en la vida de Christian Rosencreutz, a la edad de 81 años. Según se cuenta en el texto, aceptó participar en una serie de pruebas complicadísimas, en lo físico, lo intelectual y espiritual, ya que además de subir complicadas pendientes y terrenos peligrosos, debía ir respondiendo a las cuestiones que se le planteaban y dar fe de su espiritualidad, a fin de demostrar su iluminación. El relato rezuma simbolismo alquímico por doquier.

Autoría de los manifiestos

No se tiene la certeza de la identidad del autor o autores de los manifiestos, pero existe una opinión ampliamente aceptada. Se sospecha de Johann Valentin Andreae (1586-1654), escritor, matemático y místico, como autor. Incluso admitió en su autobiografía ser el autor de Las bodas químicas de Christian Rosencreutz, si bien en otros textos mantuvo que no tenía relación con los mismos.

Alguna fuente atribuye a Francis Bacon la autoría de la Confessio Fraternitatis, pero no parece una posibilidad viable. Pero en el fondo no me extraña esta teoría, toda vez que al señor Bacon se le ha atribuido, en un momento u otro, la autoría de las obras de Shakespeare.

El efecto de los manifiestos

La publicación y posterior expansión por Europa de los manifiestos generó una enorme expectación entre los intelectuales de la época, que se acrecentó en 1622 cuando se fijaron en diversos puntos de París una proclama en la que se daba cuenta de la existencia de la orden, de la que se hizo eco Gustavo Naudé (1601-1643), bibliotecario de Luis XIII, en su obra Instrucción a Francia sobre la verdad de los Hermanos de la Rosacruz (París, 1623):

«Nosotros, diputados del Colegio principal de los Hermanos de la Rosacruz, estamos haciendo una estancia visible e invisible en esta ciudad, por la gracia del Altísimo, hacia el cual se vuelve el corazón de los justos. Nosotros mostramos y enseñamos, sin libros ni marcas, a hablar todas las clases de lenguas del país en que queremos estar, para sacar a los hombres, nuestros semejantes, del error de la muerte».

A esta proclama le siguió una segunda en la que se decía:

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Representación del pelícano alimentando a los polluelos. Nótese la mezcla de simbología católica y masónica. Algo muy habitual en organizaciones posteriores al XVII

«Pero para acceder al conocimiento de todas esta maravillas, advertimos al lector que nosotros conocemos sus pensamientos y que, si le da la voluntad de vernos solamente por curiosidad, jamás comunicará con nosotros, pero si la voluntad le lleva realmente a inscribirse en los registros de nuestra confraternidad, nosotros que juzgamos los pensamientos, le haremos ver la verdad de nuestras promesas, de tal forma y tan cabalmente que ni tendremos necesidad de darle la dirección de nuestra casa, puesto que los pensamientos, junto con la voluntad real del lector, serán capaces de darnos a conocer a él y de que nosotros le conozcamos».

El revuelo cabe deducir que hubo de ser enorme, sobre todo entre el clero, ya que aquello desprendía un tufillo a herejía y a cosas peores: don de lenguas, ¿quién sería ese Altísimo? y el enigmático concepto de «el error de la muerte», que nos lleva, sin duda, a la controvertida cuestión de la vida eterna o la reencarnación.

Lo cierto es que multitud de eruditos de toda índole quedaron enganchados a las propuestas o promesas que ofrecía el conocimiento rosacruciano, y aquello fue cada vez a más.

A los ya citados Johann Valentin Andreae y Francis Bacon, se añaden diversos personajes de la época implicados en el movimiento rosacruz o en la difusión de sus principios e ideales. Cabe citar a Michel Maïer (1568-1622), médico personal de Rodolfo II hasta su muerte en 1612, del que se dice que introduciría la doctrina rosacruciana en Inglaterra, gracias a su amistad con Robert Fludd (1574-1637), físico, filósofo y médico que inició los estudios sobre la circulación sanguínea, reconocido alquimista e inventor del barómetro.

Otro personaje interesante es Jan Amos Comenius (1592-1670), fue discípulo de Andreae y se conoce correspondencia entre ambos en la que Comenius intentaba reconducir a su maestro para que volviera al camino, abandonado, que siguieron «unos pocos hombres, la mayor parte sin valor, los que nos habíamos agrupado en torno al lubridium de la vana Fama».

Y por último, para no ser excesivamente plomo, citar a Rene Descartes (1596-1650), del que se sabe que mantuvo contactos con Comenius, y que viajó en 1619 junto a las tropas del duque de Baviera, en los inicios de la Guerra de los Treinta Años, hasta Alemania y después Holanda, para encontrarse con los rosacruces. Tras cuatro años de búsqueda regresó a Francia sin encontrarlos, aunque en su libro Polybii Cosmopolitani Thesaurus Mathematiens realizó la siguiente dedicatoria: «Dedico esta obra de nuevo a los sabios del mundo entero y muy especialmente a los Muy Ilustres Hermanos Rosacruces de Alemania», lo que para algunos estudiosos del tema plantea dudas sobre el fracaso de su búsqueda, mientras para otros podría considerarse un último intento por hacerles llegar su interés por conocerlos.

Varias décadas más tarde el interés por el movimiento rosacruz tenía defensores en personajes como Robert Boyle (1627-1691), alquimista al que se le considera por sus trabajos el primer químico moderno. Miembro de la Royal Society y que en su correspondencia privada se refería a las reuniones de esta sociedad como «colegio invisible», y Elias Ashmole (1617-1692), político, astrónomo y alquimista inglés, considerado uno de los padres de la francmasonería y, según algunas fuentes, supuesto fundador de la orden rosacruz en Inglaterra.

iniciacion-slide-blogCabe señalar que son diversos los vínculos aparentes con la masonería, que surgiría algunos años más tarde de la aparición de los manifiestos. A la relación de notables personajes seguidores del movimiento rosacruz, como el citado Ashmole, que fueron precursores del nacimiento de la masonería en Gran Bretaña, se une la existencia de la denominación de Príncipe Rosacruz en el séptimo grado del Rito Francés y Soberano Príncipe Rosacruz en el decimoctavo grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Principios rosacruces

De la lectura de los manifiestos y los textos posteriores de los estudiosos embriagados con el movimiento rosacruz, podemos señalar que la orden o fraternidad rosacruz se muestra como el lugar donde recibir conocimientos ocultos, alejados de la ciencia y el saber oficial, para alcanzar la total transformación de cuerpo y mente.

A sus miembros se les atribuían enormes conocimientos en temas alquímicos, como la transmutación de la materia, la capacidad de hacerse invisibles y la sanación de todo tipo de enfermedades. Un conocimiento universal, en todas las artes y las ciencias, tanto experimentales como especulativas, de la filosofía a la magia.

Los rosacruces proponían una visión espiritual frente al mundo materialista del siglo XVII, en el que la ciencia empezaba a dar sus primeros pasos firmes: la Alquimia empezaba a transformarse en la química moderna, y la Astronomía vivía momentos únicos con los trabajos de Galileo Galilei y Johannes Kepler entre otros.

El pensamiento científico empezaba a postularse como una nueva forma de entender el mundo y de quitar valor o fuerza a la religión. Para los rosacruces el hombre debía alcanzar la transmutación material para llegar a su versión espiritual, que le hace un todo con el cosmos. Una visión muy budista de la vida con unos aderezos alquimistas. Estos planteamientos, igualmente, les llevan incluso a asumir el principio de la reencarnación.

rosacLa transformación o transmutación del individuo se lograría por la toma de conciencia; el sujeto debe abandonar su cuerpo para alcanzar una nueva conciencia. Planteamientos que son heréticos desde el punto de vista cristiano y que harían necesario mantenerse ocultos, en unos tiempos en que la Iglesia católica y la protestante tenían una enorme influencia.

En cuanto a cómo era la orden en su funcionamiento interior, es interesante la opinión de Gustavo Naudé (1601-1643), en su obra anteriormente citada, que describió los votos que debían realizar los denominados «hermanos del Invisible Colegio»:

  • Ejercer la medicina caritativamente y sin recibir de nadie ninguna recompensa.
  • Vestirse según los usos del país donde uno se halle.
  • Ir, una vez al año, al lugar de su asamblea general o aportar por escrito una disculpa legítima por su ausencia.
  • Elegir, cuando sienta la necesidad (cuando le llegue la hora de su muerte), a un sucesor capaz de ocupar su puesto y presentarlo.
  • Tener el carácter de la RC como signo de reconocimiento entre ellos y como símbolo de su congregación.
  • Tomar las precauciones necesarias para que el lugar de su sepultura sea desconocido, cuando ocurra la contingencia de que uno de ellos muera en país extranjero.
  • Mantener su sociedad secreta y oculta durante ciento veinte años y creer firmemente que, si ella cayera, podría ser reintegrada en el sepulcro y monumento de su primer fundador.

Otro dato interesante es el carácter cíclico de la orden, que implica que esta debe alternar periodos de ausencia o silencio, con periodos de actividad supuestamente secreta o discreta. Estos periodos serían de 120 años, coincidiendo con el relato de la vida de Christian Rosencreutz. Recordemos que su tumba es descubierta a los 120 años de su muerte con la información necesaria para reconstruir la orden.

De esta manera, en el inicio del cada periodo de actividad visible, se debe realizar una ceremonia simbólica de descubrimiento y apertura de la tumba de Christian Rosencreutz, tal y como supuestamente ocurrió en 1484, según recoge la Confessio Fraternitatis.

Simbología de la rosacruz y el pelícano

Rosacruz Hermetica 2

Imagen de la que se conoce como la Rosacruz Hermética, donde se reúnen cristianismo, judaísmo, alquimia, kábala, magia…

El elemento identificativo por excelencia de la orden rosacruz es la cruz y la rosa en su centro. Para muchos es, sin duda, la representación misma de la orden. La imagen del pelícano es menos conocida pero igualmente cargada de un enorme simbolismo.

Son varias las interpretaciones que se dan a la cruz con una rosa roja en su centro. La que más me satisface y creo que es la que mejor recoge los principios expresados en la fama y la confessio es esta:

La cruz como representación del hombre, en el que se unen lo material, lo terrenal, representado por el trazo horizontal a modo de tierra, horizonte, y su parte espiritual, su conexión con lo celestial, que estaría representado por el trazo vertical, que une lo superior con lo inferior, el cielo con la tierra. Su confluencia, el punto de intersección es el ser humano, la unión de lo material, el cuerpo, con lo espiritual, el alma. Y allí se sitúa la rosa como manifestación de la vida que brota. Tanto el símbolo de un ser que nace, como de un ser que alcanza el conocimiento.

No obstante son diversos los modos de reflejar esto, a veces la cruz es dorada, otras veces el trazo vertical es más largo que el horizontal, como la cruz cristiana, y en otras representaciones podemos ver signos cabalistas y alquimistas. También se pueden ver representaciones con la cruz inscrita en un triángulo, e incluso se ha llegado a representar con la cruz egipcia Anj (o Ankh).

El simbolismo del pelícano que se desgarra el pecho para alimentar con su sangre a sus polluelos, viene siendo un mensaje alegórico en el que el ave comparte con sus hijos la fuerza vital su conocimiento. O también la visión del maestro que transmite a los suyos todo cuanto conoce, su propia vida, todo su conocimiento.

Sobre la base de los principios alquímicos, presentes en la base del conocimiento rosacruz, y su lenguaje simbólico, el pelícano es una alegorí­a del atanor, el recipiente en el que se realizan las reacciones alquímicas, y la sangre sería la misteriosa materia que permite la transmutación espiritual.

El movimiento rosacruz en la actualidad

Variadas y diversas organizaciones se presentan actualmente como herederas de la Orden Rosacruz, con un mayor o menor componente esotérico. Bajo diferentes denominaciones como Orden, Hermandad o Fraternidad adoptan estructuras que podríamos definir como de corte masónico, al adoptar en su estructura organizativa y de enseñanza el esquema de la masonería.

No es mi intención realizar un repaso de las distintas organizaciones rosacruces existentes en la actualidad. Al final de esta entrada hay un enlace a Wikipedia donde el interesado tiene a su disposición dicha información.

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Rosacruz utilizada por AMORC, una de las órdenes surgidas al amparo del movimiento rosacruz

Me interesa más señalar la dispersión de organizaciones, que revela, o plantea, serias dudas sobre la vigencia del movimiento nacido en el primer cuarto del siglo XVII. En cualquier caso, las enseñanzas rosacruces se imparten en la actualidad, en todas las organizaciones, en un sistema organizado por grados que el miembro debe ir superando paso a paso, realizando para cada nuevo grado la correspondiente ceremonia de iniciación.

Dependiendo del grupo que estudiemos se va desde los nueve grados, de muchas de las organizaciones conocidas, hasta los treinta y tres en alguno de los casos. Una estructura similar a las distintas obediencias masónicas, que no significa que se encuentren vinculadas, a pesar del evidente contacto en los albores de la masonería.

Al frente de la correspondiente fraternidad u orden se sitúa habitualmente un Imperator como responsable máximo.

Conclusiones

Muchos son los grupos que, en un momento u otro, se han arrogado la condición de legítimos descendientes de la hermandad original, como ya he comentado, pero si entre los principios del movimiento rosacruz se encuentra su condición de invisibilidad, resulta difícil pensar que las actuales organizaciones que se presentan como tales, inscritas oficialmente en los países donde actúan, incluso con universidades y centros de estudio conocidos y publicitados, puedan ser legítimas.

Cabe la posibilidad que la humanidad ya esté preparada para recibir el conocimiento que custodian y no sea necesario que la orden se oculte, pero en ese caso lo razonable sería abrir ese secreto y compartir ese conocimiento con toda la humanidad.

No niego que los motivos inspiradores del nacimiento de la Orden Rosacruz sigan vigentes, pero no estamos en el siglo XVII y quien quiera puede discrepar del dogma oficial, sin que le azoten, le corten la cabeza o le quemen públicamente, salvo algunas excepciones. Por ello no veo la necesidad del secretismo, salvo que el conocimiento sea tan importante y rompedor que deba manejarse con cuidado.

En ese caso, mi mente racional me dice que si la Orden Rosacruz ha existido y sigue vigente en estos momentos, no lo hace de manera visible. Habría de seguir siendo, fiel a sus principios, el colegio invisible escondido a la vista de todos mientras continúa con la ejecución de la Gran Obra.

Referencias:

Historia y Misterios de los Rosacruces. Christian Rebisse. Ediciones rosacruces (2012)

El iluminismo rosacruz. Frances A. Yates. Siruela (2008)

La meta secreta de los Rosacruces, Jean-Pierre Bayard. Biblioteca fundamental Año Cero (1995)

Las enseñanzas de la antigua fraternidad rosa-cruz. A. Krumm-Heller. Editorial Sirio (1987)

La Masonería. La historia secreta. C.W. Leadbeater. Edicomunicación (1986)

https://es.wikipedia.org/wiki/Rosacruz