EL MITO DE LA ATLÁNTIDA

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Representación artística de la Atlántida

1. Introducción

No recuerdo haber sido fascinado por un misterio en mi juventud con anterioridad a conocer la historia de la Atlántida, el mítico continente desaparecido bajo las aguas, cuna de conocimientos elevados tanto en lo tecnológico como en lo social y político.

Como todos los mitos y leyendas, y mientras no aparezcan nuevas evidencias, las opiniones sobre su existencia son encontradas. Desde los defensores a ultranza de la veracidad del relato platónico, hasta quienes sostendrán hasta el fin de sus días que se trata de una leyenda para incautos.

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Retrato de Platón

La primera referencia directa que conocemos procede de Platón, quien en dos de sus Diálogos, Timeo y Critias, nos describe la sociedad atlante, su tecnología y su capital, sobre la base de la historia contada supuestamente por el gobernante ateniense Solón.

En Timeo, cuatro personas, Sócrates, Timeo, Critias y un desconocido interlocutor, disertan sobre el origen del mundo y de Atenas, y plantean utilizar un relato conocido por el abuelo de dos de ellos, para usarlo como base para hablar de los orígenes de Atenas en una disertación posterior, que sería el relato de Critias.

En Timeo podemos leer:

“Escucha, entonces, Sócrates, un relato muy extraño, pero absolutamente verdadero, tal como en una ocasión lo relataba Solón, el más sabio de los siete, que era pariente y muy amigo de mi bisabuelo Drópida, como él mismo afirma en muchos pasajes de su obra poética. Le contó a Critias, nuestro abuelo, que de viejo nos lo relataba a nosotros, que grandes y admirables hazañas antiguas de esta ciudad habían desaparecido a causa del tiempo transcurrido y la destrucción de sus habitantes, y, de todas, una, la más extraordinaria, convendría que ahora a través del recuerdo te la ofreciéramos como presente, para elevar al mismo tiempo loas a la diosa con justicia y verdad…”

En Critias, que como he dicho se considera una continuación de Timeo, se relata la guerra entre la Atenas primordial y el imperio de la Atlántida. Es un relato inconcluso, y para muchos estudiosos las descripciones no parece que puedan llevar a una identificación positiva del lugar donde se encontraría el mítico continente.

Resulta interesante señalar que la desaparición de la Atlántida, que Platón la sitúa en 9.000 años antes de su relato, parece encajar con los datos arqueológicos y paleontológicos que sitúan una gran subida del nivel del mar en esa época, hace unos 11.500 años.

“Posteriormente, tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario, en un día y una noche terribles, la clase guerrera vuestra se hundió toda a la vez bajo la tierra y la isla de la Atlántida desapareció de la misma manera, hundiéndose en el mar.”

Igualmente, muchos han sido los que no han dejado pasar la oportunidad de vincular este suceso con el diluvio universal bíblico. Pero esa es una cuestión para los biblioarqueólogos y puede que para un futuro post.

Platón ubica la Atlántida más allá de las Columnas de Heracles, o Columnas de Hércules, lugar que corresponde para todos los expertos con el estrecho de Gibraltar. Los datos debemos interpretarlos con cuidado, ya que en esa época el conocimiento geográfico era limitado. Del mismo modo, se describe una civilización que es una potencia marítima, que habría llegado a tener bajo su dominio gran parte de Europa y el norte de África, hasta que Atenas en época prehelénica habría vencido a los atlantes y acabado con su expansión.

“…nuestros escritos refieren cómo vuestra ciudad detuvo en una ocasión la marcha insolente de un gran imperio, que avanzaba del exterior, desde el Océano Atlántico, sobre toda Europa y Asia. En aquella época, se podía atravesar aquel océano dado que había una isla delante de la desembocadura que vosotros, así decís, llamáis columnas de Heracles. Esta isla era mayor que Libia y Asia juntas y de ella los de entonces podían pasar a las otras islas y de las islas a toda la tierra firme que se encontraba frente a ellas y rodeaba el océano auténtico, puesto que lo que quedaba dentro de la desembocadura que mencionamos parecía una bahía con un ingreso estrecho…. En dicha isla, Atlántida, había surgido una confederación de reyes grande y maravillosa que gobernaba sobre ella y muchas otras islas, así como partes de la tierra firme. En este continente, dominaban también los pueblos de Libia, hasta Egipto, y Europa hasta Tirrenia.”

Algunos investigadores del fenómeno considera que la primera referencia escrita sobre la Atlántida, se encuentra en un papiro egipcio “Satni Khamoi” que narra la lucha del héroe Neferkeptah para conquistar un libro de magia escrito por el Dios Thot, y para alcanzar su empeño crea un ejército de autómatas.

En lo que respecta al relato de Platón, encontramos referencias al mismo en obras de distintos autores clásicos, como Estrabón, en el siglo I a.C., que asume la veracidad del relato platónico, o Plinio el Viejo, quien en su Historia Natural indica que de ser ciertas las afirmaciones del filósofo griego, el cataclismo que hundió la Atlántida habría barrido extensas tierras en Europa y el Norte de África.

Plutarco llega a identificar los nombres de los sacerdotes egipcios que habrían contado la historia a Solón, y en el siglo V, Proclo menciona en uno de sus escritos a Crantor, quien fue miembro de la Academia Platónica y que en un viaje a Egipto pudo ver las estelas con el relato de la Atlántida y esta habría sido la vía de conocimiento de Platón, aunque también se piensa que las referencias platónicas proceden de un viaje del mismo Platón en el que habría tenido acceso a la historia de los atlantes.

  1. Ubicaciones propuestas

Las primeras hipótesis sobre la ubicación de la Atlántida provenían de estudiosos renacentistas, los cuales llegaron a identificar el Nuevo Mundo con el continente perdido.

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Mapa de la isla de Tera, actual Santorini, tras la explosión del volcán sobre el que se asienta

En su momento adquirió cierta fuerza entre las distintas teorías que han intentado ubicar la Atlántida en tiempos modernos, la isla de Santorini, relacionando la gran explosión volcánica de la isla en el siglo XVII o XVI a.C., según distintos sistemas de datación, como la causa de la desaparición de la Atlántida. Para los escépticos, la explosión de Santorini simplemente habría inspirado el relato platónico.

El único, pero importante obstáculo para esta teoría se encuentra en que Santorini está ubicada en el Mediterráneo frente a las costas griegas, y no más allá de las Torres de Hércules, y si damos por bueno e inamovible el relato platónico el lugar no es factible.

Otra ubicación se relaciona con Tartessos, siguiendo los escritos de Herodoto y Ora Maritima de Avieno, quien menciona un rio llamado Tartessos que rodeaba una isla donde se encontraba una ciudad del mismo nombre. O la obra de Eforo en el siglo IV a.C. que menciona un mercado en una ciudad ilustre y floreciente llamada Tartessos. Una urbe próspera regada por un rio que lleva una gran cantidad de estaño, oro y cobre de Céltica.

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Mapa del sur de España donde se piensa que se encontraba Tartessos, en las proximidades de Cadiz

La descripción de los Diálogos de una gran isla más allá de las columnas de Heracles y rica en recursos naturales, mineros y fauna animal, llevó a muchos estudiosos a identificar a Tartessos como la candidata ideal para la mítica Atlántida.

Identificando a esta civilización, resulta muy interesante el vínculo del filólogo Antonio de Nebrija con este misterio, al identificar Tartessos con el río Guadalquivir en 1492, dato que vino a ser comprobado arqueológicamente en el siglo XIX por George Bonsor.

Jacques Collina-Giraud sostuvo en 2001 que la Atlántida habría estado situada en la isla de Espartel, entre Cádiz y Tánger, y en 2004 Rainer Kuehne localizó mediante imágenes aéreas, lo que él consideraba signos evidentes de dos templos, que identificó con ciertas dosis de liberalidad como el de plata, consagrado a Poseidón, y el dorado en honor a Clito, su esposa, cerca de Cádiz, en la Marisma de Hinojos.

Y el pasado mes de septiembre, saltó la noticia en prensa del hallazgo por parte del investigador Manuel Cuevas, de una gran ciudad antigua sepultada en el Pinar de La Algaida, en Sanlúcar de Barrameda, junto al rio Guadalquivir, mediante fotos por satélite.

En esta hipótesis tenemos algunos puntos a favor, sería una zona más allá de las Torres de Hércules, y desde allí sería factible el control sobre Europa y el norte de África a través del Estrecho de Gibraltar. Sin embargo la datación del cenit de esta civilización entre el 1000 al 500 a.C. juega en contra.

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Camino de piedras en Bimini que se pensó que era una calzada de la Atlántida

Otra teoría que tuvo un cierto crédito apareció a finales del siglo XX, tras el descubrimiento de unas vías de piedra, sumergidas bajo el mar, frente a las islas de Bimini. Despertó en ciertos ambientes grandes expectativas, ya que en 1968 el vidente Edgar Cayce había predicho que la Altántida aparecería frente a las costas de Florida

Carlos Barceló en su libro La Atlántida, establece un interesante paralelismo entre las descripciones de Platón y la Odisea de Homero. En esta Ulises llega hasta la isla de Esqueria, gobernada por la dinastía surgida de la unión de Poseidón con la mortal Peribea, historia similar a la recogida en Timeo:

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Esquema de la Atlántida, según los datos mencionados en Timeo

“…cuando a Poseidón le tocó en suerte la isla de Atlántida la pobló con sus descendientes, nacidos de una mujer mortal de las siguientes características. El centro de la isla estaba ocupado por una llanura en dirección al mar, de la que se dice que era la más bella de todas, y de buena calidad, y en cuyo centro, a su vez, había una montaña baja por todas partes, que distaba unos cincuenta estadios del mar. En dicha montaña habitaba uno de los hombres que en esa región habían nacido de la tierra, Evenor de nombre, que convivía con su mujer Leucipe. Tuvieron una única hija, Clito. Cuando la muchacha alcanza la edad de tener un marido, mueren su madre y su padre. Poseidón la desea y se une a ella, y, para defender bien la colina en la que habitaba, la aísla por anillos alternos de tierra y mar de mayor y menor dimensión: dos de tierra y tres de mar en total, cavados a partir del centro de la isla, todos a la misma distancia por todas partes, de modo que la colina fuera inaccesible para los hombres.”

Al igual que en la Atlántida platónica, en Esqueria se dan dos cosechas anuales y los animales no se guardan en establos y, finalmente, la entrada a la ciudad se realiza a través de una estrecha boca fluvial que permitiría el acceso de embarcaciones. De este modo podríamos estar ante una posible ubicación frente a las costas del noroeste africano.

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Foto satélite de Cádiz donde algunos sitúan a la Atlántida

En los últimos tiempos la hipótesis más seguida es la del Sur de España y Portugal, aunque hay una cierta corriente de investigadores del norte europeo, que abogan por buscar la Atlántida en Irlanda. Abundando en la primera, a mí personalmente me intriga el pasaje de Critias, donde se dice al describir a los diez hijos que tuvo Poseidón con Clito y los territorios concedidos a cada uno:

“…al que tocó en suerte la parte extrema de la isla, desde las columnas de Heracles hasta la zona denominada ahora en aquel lugar Gadírica, le dio en griego el nombre de Eumelo, pero en la lengua de la región, Gadiro.”

A mí la similitud fonética de Gadiro y Gadírica con Cadiz me da que pensar. Los fenicios la llamaron Gadir, que en su lengua significa “recinto cerrado o fortificado”, y los griegos como vemos la llamaron Gadírica o Gadieras, que haría referencia a un pequeño conjunto de islas o archipiélago que en esa época o con anterioridad, sería Cádiz.

  1. Teorías sobre supervivientes

Otra cuestión interesante se encuentra en si tras la desaparición de la Atlántida, hubo supervivientes y a dónde llegaron. Algunos los llaman los náufragos de la Atlántida y sugieren que estos supervivientes pudieron ser los responsables del desarrollo alcanzado años después por las civilizaciones egipcia y precolombina. Incluso en otros lugares como la propia península ibérica, tal y como recoge Juan G. Atienza en su libro de 1978 Los supervivientes de la Atlántida.

Jean Deruelle considera que Egipto habría recibido la influencia atlante antes, incluso, de su cataclismo aniquilador, situando el cenit de dicha impronta atlante en torno al 2700 a.C., señalando como elementos clave los avances de la sociedad egipcia en medicina, riego, escritura y construcción en esa época.

La posterior invasión de la zona por los árabes, que saquearon y destruyeron templos y edificaciones pudo haber eliminado todo vestigio escrito sobre la Atlántida y su vínculo con Egipto, como las supuestas estelas vistas por Crantor, el discípulo de Platón.

Para otros estudiosos como M. Weissen-Szumlanska, la existencia de distintas civilizaciones primitivas, que hablan de jefes blancos y barbudos, que creían en la inmortalidad del alma y se consideraban hijos del sol, tanto en América (mayas) como en África (egipcios) señalarían hacia un vínculo común, que apuntaría directamente a la civilización atlante, o lo que habría quedado de ella tras el cataclismo que la borró de la faz de la tierra.

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Mural egipcio donde se observa el tono rojizo de la piel, tanto de los dioses como del faraón

En su obra La Atlántida y los antiguos egipcios, Weissen-Szumlanska defiende el vínculo atlante con distintas civilizaciones, y realiza un extenso análisis sobre los que se viene conociendo como los hombres rojos (que trataré en otro post) y que haría referencia a la costumbre en algunas civilizaciones antiguas, de cubrirse cuerpo y rostro con tintura de dicho color, y que justificaría los frescos y relieves en los que faraones y reyes, a ambos lados del Atlántico, aparecen representados con la tez roja, sugiriendo que dichas representaciones artísticas son algo más que un concepto estético o costumbre de los artistas de la época.

  1. Detractores de la idea

La descripción de los textos de Platón es de tal calidad descriptiva que es difícil sustraerse a la idea de aceptarla como verdadera, lo que llevó a que, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, durante el Romanticismo, se hayan propuesto numerosas conjeturas sobre la existencia y posible ubicación de la isla. No obstante, el relato presenta datos imposibles o cuando menos improbables teniendo en cuenta el conocimiento histórico y científico actual, lo que lleva a aceptar que el relato no puede ser aceptado de manera íntegra. Con todo, se admite la posibilidad de que el mito tenga una base de realidad ligada a algún hecho catastrófico marcado en la memoria de los pueblos anteriores a Platón y sus coetáneos.

Entre los manifiestamente escépticos a la idea de la existencia de esta mítica civilización, se considera que la ausencia de pruebas físicas y de referencias distintas a las platónicas constituye una base poco sólida.

Junto a esto, la gran variedad de conjeturas sobre la ubicación, y la participación en muchos trabajos de investigación por parte de personas con un bajo perfil académico, básicamente aventureros a la caza de fama y gloria, no juegan a favor.

Para especialistas en la obra de Platón, el relato sería una alegoría sobre una sociedad próspera que, al hacerse rica, se torna belicosa y corrompida, siendo finalmente destruida por sus dioses como castigo por su presunción y soberbia.

  1. Conclusión

Comparto plenamente la opinión de investigadores estadounidenses y alemanes que, tras un análisis medianamente complejo del mito, consideran que la zona del Golfo de Cádiz tiene más visos que ninguna otra para ser el lugar donde buscar. Pero obviamente, la falta de pruebas físicas irrefutables y que otras civilizaciones han ocupado esa rica y próspera zona con posterioridad a la hipotética desaparición, dificulta encontrar vestigios, máxime si dicha desaparición fue inesperada y catastrófica y los restos acabaron ocultos bajo las aguas.

La mayoría de los investigadores que siguen persiguiendo este mito, mantienen como base para su búsqueda tanto el ejemplo de la ciudad de Troya y su descubrimiento gracias al empuje personal de Heinrich Schlimann, como la desaparición de la civilización minoica que también sufrió una extinción catastrófica y apenas tenemos pruebas físicas de su existencia, e incluso de otras civilizaciones que desaparecieron de un momento histórico a otro sin dejar rastro, como los mayas y aztecas, los anasazi, o descubrimientos que acreditan la existencia de civilizaciones de las que no sabemos nada, como las excavaciones arqueológicas de Gobekli-Tepe en Turquia.

No parece que el mito de la Atlántida esté agotado. Periódicamente aparecerán nuevas hipótesis y sesudos, o no, trabajos de investigación que propondrán una ubicación viable, o reafirmen teorías anteriores.

En cualquier caso, el mito no pierde su atractivo y aún en el supuesto de tratarse de una alegoría, esta es lo suficientemente interesante como para valorarla y aprender de ella. Aunque bien mirado, es una lección antigua. El hombre castigado por su soberbia y ansia de conquista innecesaria, que pierde todo por querer más de lo que ya tiene.

 

Referencias:

La Atlántida. Carlos Barceló. M.E. Editores. 1996

La Atlántida y los antiguos egipcios. M. Weissen-Szumlanska. Ed. Lidium. 1983

Diálogos. Platón. Biblioteca Básica Gredos. 2000

“Tartessos. En busca del reino perdido”. Daniel Casado Rigalt. Historia NG. Núm.102

“Atlántida”. Wikipedia. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Atl%C3%A1ntida