EL MECANISMO DE ANTICITERA

¿Un ordenador con más de dos siglos de antigüedad?

Uno de los engranajes de mayor tamaño

Uno de los engranajes de mayor tamaño del mecanismo en el que mejor se observa que se trata de un sistema complejo de partes móviles

En el año 1900, en aguas próximas al islote griego de Anticitera, al norte de Creta, un recolector de esponjas, Elias Stadiatis, encontró a unos 45 metros de profundidad, los restos de un barco hundido, identificado como de origen romano. Tras varias expediciones realizadas a lo largo de dos años siguientes, se recuperaron ánforas, vasijas, monedas y unos restos de aspecto ruinoso, con aspecto de conglomerado de trozos de metal, madera y acumulaciones diversas, que pasaron a un segundo plano para los investigadores dada su falta de identificación inicial.

Las primeras labores de los investigadores del naufragio se dirigieron a clasificar las piezas claramente identificables y unir los fragmentos de los elementos fácilmente reconocibles a simple vista, como las mencionadas vasijas y ánforas, y no fue hasta 1902 cuando un investigador observó que entre el amasijo de bronce oxidado y madera podrida de algunos de aquellos fragmentos sin identificar, los de mayor tamaño, se vislumbraba lo que parecían engranajes metálicos.

La primera conclusión apuntaba a que aquellos fragmentos formarían parte de alguna especie de reloj o mecanismo astronómico, pero por increíble que parezca no fue suficiente para mantener el interés de los investigadores, aun tratándose de un mecanismo sin ninguna posible comparación con lo descubierto hasta la fecha sobre ese momento de la historia.

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Imágenes del mecanismo principal por técnicas radiológicas

No sería hasta mediados del siglo XX que se prestó de nuevo tímidamente, eso sí, atención a ese conjunto de restos, llegando al año 1971 en el que se analizaron los 82 fragmentos existentes con rayos X y rayos gamma por Price y Karakalos, descubriendo la complejidad del mecanismo. Finalmente, en 2006 se publicó en la revista Nature un estudio de investigadores británicos y estadounidenses de los restos que incluía un esquema de su funcionamiento.

Todos los análisis y estudios realizados con posterioridad coinciden en su mayor parte, estamos ante un mecanismo de relojería, que habría estado albergado en el interior de una caja con unas dimensiones estimadas de 340x180x90mm. cuyo objeto sería el cómputo de periodos astrológicos. Su diseño y las tareas a realizar, señalan por tanto a una maquinaria de cálculo analógica, la primera conocida de la historia, lo que plantea el interesante enigma de este hallazgo.

Datación Temporal

Según las distintas fuentes que se consulten, el hallazgo sería un mecanismo de relojería construido a principios del siglo I a.C. o en el siglo II a.C.

Las ánforas, estatuas y monedas encontradas entre los restos del pecio romano, algunas de ellas recuperadas por Jacques Cousteau en la década de los setenta del siglo pasado, sitúan el naufragio entre el 85 y el 60 a.C. Los otros restos, corresponden a piezas griegas de siglo III a.C. La hipótesis comúnmente aceptada considera que el barco se dirigía a Roma, llevando entre su botín o carga, además de mercancías griegas, el extraordinario mecanismo. Y la conclusión a la que se llega con estas evidencias es que el mecanismo habría sido elaborado en el siglo I a.C.

En 2014, los investigadores Carman y Evans llegan a la conclusión que el mecanismo, por su diseño y los cálculos que realiza, encaja mejor con la aritmética babilónica que con la trigonometría griega, por lo que sitúan su creación en el 200 a.C. es decir principios del siglo II a.C.

Autoría

Algunos investigadores señalan a Arquímedes (287-212 a.C.) como el más probable autor del mecanismo. Su fama como ingeniero y matemático juegan a favor de esta teoría, ya que se conocen armas de asedio diseñadas por él, así como el famoso Tornillo de Arquímedes. Más polémicas son las teorías de las máquinas que supuestamente diseñó y construyó capaces de sacar barcos del agua o el uso de espejos para incendiar las naves enemigas.

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Otro de los fragmentos de mayor tamaño, en el que se observan con claridad las distintas ruedas móviles

Otro dato que apuntaría al matemático griego son algunas inscripciones halladas en los restos, que sería de origen corintio, y Arquímedes era de Siracusa, en Sicilia, la colonia corintia fundada en el 734 a.C. y que acabó bajo dominación romana en el 212 a.C., muriendo Arquímedes durante el asedio.

Una segunda teoría sitúa el origen del artefacto en la ciudad griega de Pérgamo, donde se ubicaba la famosa biblioteca del mismo nombre, considerada la segunda más importante tras la de Alejandría, y lugar de estudio e intercambio de muchos científicos de la época.

Una tercera teoría tiene en cuenta la existencia, entre los restos del pecio, de vasijas con el estilo de fabricación de Rodas, lo que hace pensar a algunos investigadores que el mecanismo podría tener su origen en la academia fundada en dicha isla por Poseidonio (135-51 a.C.), donde residía y desarrolló sus trabajos, entre el 140 y el 120 a.C. Hiparco de Nicea, algunos de cuyos trabajos tienen reflejo en los cálculos que realizaría el mecanismo.

El posible enigma

En cualquier caso, sea del siglo I o II a.C., algunos estudiosos han situado al mecanismo de Anticitera en el centro de un misterio insondable, al considerarlo demasiado avanzado para la época en la que presumiblemente se creó, ya que no se tienen noticias de un mecanismo similar hasta el siglo XIV cuando aparecieron los primeros relojes astronómicos.

Esta opinión ha llevado a estos investigadores, algunos especializados en el estudio de lo paranormal, a calificar al mecanismo de Anticitera de OOPART (Out of Place Artifact), el término acuñado por Ivan T. Sanderson para referirse a un “objeto histórico, arqueológico o paleontológico que se encuentra en un contexto imposible, desafiando al conocimiento oficial o convencional”.

Pero lo cierto es que para valorar adecuadamente el mecanismo y establecer si su encaje temporal es correcto, o se trata como piensan algunos de un objeto fuera de lugar, debemos realizar dos análisis o resolver dos cuestiones:

La primera sería valorar los conocimientos teóricos que pudieron llevar al diseño de un mecanismo que realizara cálculos útiles y valorar el nivel de desarrollo tecnológico necesario para concebir materialmente la construcción del aparato que aplicaba ese conocimiento científico. Y la segunda cuestión sería analizar el nivel de la tecnología mecánica o metalúrgica necesaria para construir el mecanismo en cuestión.

Respondiendo a estas interrogantes, podremos valorar con más precisión si estamos ante un OOPART o se trata de un desarrollo avanzado por obra de la genialidad de su creador o de la buena fortuna.

1º Conocimientos para la concepción y diseño del mecanismo

Según los especialistas que han analizado el mecanismo, este calcularía el ciclo Metónico, que permite aproximar los periodos de orbitación de la Tierra y la Luna, atribuido al matemático y astrónomo griego Metón (nacido alrededor de 460 a.C), aunque se sospecha que este conocimiento astronómico pudo ser conocido por los mesopotámicos ya desde el siglo VI a.C.

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Reconstrucción del mecanismo de acuerdo con los estudios realizados, con materiales modernos

Otro de los cálculos que realizaría el mecanismo es el ciclo de Saros concepto que se utiliza para predecir los eclipses, ya que cada 18 años y 11 días aproximadamente, la Tierra y la Luna regresan a la misma posición en sus órbitas, y se inicia un nuevo ciclo de eclipses. Y este concepto se sabe con certeza que era conocido y usado por los mesopotámicos en el siglo IV a.C.

El análisis de todos los engranajes del mecanismo, también ha permitido descubrir que reproduce la teoría de las rotaciones lunares del astrónomo griego Hiparco de Nicea (190-120 a.C.), haciendo que el mecanismo gire a distinta velocidad según la posición de los planetas, en consonancia con el movimiento real de la Tierra y su satélite, según su posición en la correspondiente órbita.

Los datos astronómicos y, como se ha dicho con anterioridad, los cálculos realizados podrían encajar tanto en la trigonometría griega como en la aritmética babilónica de la época de su supuesta creación, e incluso antes.

Por tanto, estamos ante un dispositivo que contiene los conocimientos matemáticos y astronómicos de la civilización mediterráneo-occidental de la época. Algunos estudiosos barajan la hipótesis de estar ante un mecanismo que sería el reflejo o resultado de un conocimiento tecnológico que pudo perderse tras la desaparición de la Biblioteca de Alejandría.

Un análisis superficial del enigma nos lleva fácilmente a pensar que no se disponía del nivel tecnológico necesario, en aquella época, para llevar diseñar y construir un mecanismo tan complejo, ya que no se han hallado mecanismos similares ni en la época de la supuesta construcción, ni en siglos posteriores. Pero los cierto es que contamos con referencias escritas que hablan de mecanismos complejos y avances en ingeniería, como en el tratado De República, de Cicerón (106-43 a.C.), donde habla de un planetario de mesa movido por engranajes y objetos que podían predecir eclipses, atribuidos al genial Arquímedes.

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Máquina griega impulsada por vapor generado al calentar el agua de su interior

Del mismo modo si se conocen diseños más simples, que utilizan elementos móviles, ruedas y polipastos, y máquinas que usaban el vapor como energía, etc.. que no dejan de ser el paso anterior a un mecanismo más complejo, que vio la luz como consecuencia del impulso de una mente brillante y excepcional. Algo que no se da habitualmente, pero que no es imposible de producirse.

Tenemos ejemplos a lo largo de la historia, en los que la genialidad de un investigador o científico han aportado un conocimiento capaz de permitir a la ciencia un avance significativo. Pensemos en da Vinci, Kepler, Newton, Edison, Einstein o Tesla por ejemplo.

2º Industria metalúrgica de la época

El análisis físico-químico de las partes metálicas de los fragmentos resulta difícil de realizar con precisión, dado el estado de corrosión del metal, pero los especialistas que han estudiado los mismos piensan que originalmente, el mecanismo era una aleación de cobre (95%) y estaño (5%), lo que igualmente se encuentra dentro de los materiales conocidos y usados desde mucho antes del momento de su supuesta creación.

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Muestra de la orfebrería de la época de la supuesta construcción del mecanismo

Del estudio de los hallazgos arqueológicos de esa y anteriores épocas, representativos de la metalurgia y fundamentalmente de los trabajos de orfebrería, que serían los más fáciles de estudiar dada la cantidad y calidad de las distintas piezas en poder de museos y centros de investigación y que, además, son un buen reflejo de la capacidad para producir piezas pequeñas y con precisión, la conclusión a la que se llega objetivamente es que el mecanismo pudo ser perfectamente producido en la época.

Con independencia de la complejidad de los cálculos matemáticos aplicados para la construcción del mecanismo y su propia concepción, su elaboración mecánica solo requeriría la fabricación de las piezas con un determinado grado de precisión, que permitiera su movilidad y conectividad entre ellas. La elaboración a mano de las mismas era perfectamente viable y por tanto nada impediría su construcción.

Otra cuestión es la relativa al nivel de funcionamiento del aparato, ya que la fabricación a mano de la época no sería de la calidad requerida para un mecanismo de tal complejidad.

De hecho, un estudio funcional de las piezas existentes, hace pensar que quizás el mecanismo no funcionaría con la precisión requerida dada la terminación de los dientes de las ruedas. Estos no serían idénticos, con variaciones en ángulos y distancias entre ellos, fruto de su producción manual.

Las investigaciones de Freeth y Jones apuntan a una falta de precisión del mecanismo, señalando que es la obra de una mente genial, que probablemente estaba por encima de la habilidad mecánica para producir el concepto de manera funcional.

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Todos los fragmentos recogidos del pecio hundido, junto a la reconstrucción moderna del mecanismo

Por otro lado, los conocimientos astronómicos de la época no eran lo suficientemente exactos para que su funcionamiento fuera preciso. No sería hasta los trabajos de Ptolomeo y la segunda ley de Kepler que la humanidad dispondría de los conocimientos suficientes para que un mecanismo de esa naturaleza pudiera ser plenamente eficaz.

Igualmente consideran que el mecanismo debería de tener problemas de holguras y aflojamiento de sus componentes, así como de fricción de los engranajes e inexactitudes fruto de la elaboración de las piezas a mano, lo que sumado daría como resultado una máquina que trabajaría con errores o inexactitudes.

No obstante, estamos ante un hito en el desarrollo tecnológico de esa época.

Pero dejando de lado la precisión y los posibles problemas de funcionamiento del mecanismo, la tecnología metalúrgica de la época era más que suficiente para construir esa incomparable máquina de cálculo hace más de veinte siglos.

Conclusión

Sin duda estamos ante un mecanismo único y extremadamente avanzado para su época, pero sin que necesariamente deba calificarse de incógnita irresoluble y, mucho menos, lucir la etiqueta de OOPART.

Era un mecanismo para calcular periodos con respecto a ciclos lunares, solares y de la posición de algunas estrellas, que resultaría extremadamente útil para el cálculo de eclipses, la llegada y cambio de las estaciones, épocas de siembre y recolección etc.

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Las piezas más grandes, tal y como se exponen en el museo

Mi conclusión personal es que el mecanismo de Anticitera es una máquina brillante, única y excepcional, obra de una mente igualmente brillante, única y excepcional, de las que la humanidad es testigo muy de cuando en cuando. Una mente capaz de llevar los conocimientos astronómicos y matemáticos de la época a un sistema mecánico, que realizaría cálculos de utilidad para los científicos del momento.

Estamos en mi modesta opinión ante un enigma que resulta interesante no por tratarse de algo anticipado a su época, sino por la razón o causa que llevó a que un genial salto tecnológico quedase oculto en la historia, y no llegara a alcanzar la continuidad que habría llevado a la humanidad a avanzar más rápidamente de lo que lo hizo finalmente.

La desaparición de la Biblioteca de Alejandría y el desarrollo tecnológico achacable al mecanismo de Anticitera, nos dicen que momentos concretos de la historia ven la llegada de grandes avances a la par que también pueden ver la llegada de parones en la evolución técnico-científica, incluso pasos hacia atrás, como en los momentos más oscuros de la Edad Media.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Mecanismo_de_Anticitera

http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2014-06-07/el-mecanismo-de-anticitera-una-computadora-de-hace-2-000-anos_142799/

La computadora de Anticitera