COFRADÍAS SECRETAS (y II). Cuadernos de viaje de Andreas Perado

Cofradías secretas (y II)

Cuadernos de viaje de Andreas Perado

Ante los comentarios recibidos de mis lectores quiero realizar una aclaración importante: Dionisio me entregó un manuscrito y yo, tras su lectura y análisis, me limito a transcribir palabra por palabra, aquellos pasajes que considero de interés.

Ni quito ni pongo, ni afirmo ni desmiento. Comparto con todos ustedes, y quiero creer que por el bien de la humanidad, el contenido de este enigmático diario de viaje a modo de advertencia.

Continuando con la entrega anterior, reproduzco la continuación del relato sobre la Cofradía del pliegue perfecto y otra peligrosa y letal cofradía que, en aquellas tierras Maghentas, conocen como la Cofradía del algodón.

«…

Estas mujeres también tienen la capacidad de reconocerse entre ellas, sin que los estudiosos sepan si es por algún tipo de señal o saludo secreto. Según parece, existe una teoría que señala que es su propio comportamiento el que las reúne. Cuando una de ellas inicia su ritual contra una arruga sus hermanas reconocen la acción, como si la olieran, y se suman al aquelarre.

2n7h73tParece ser que el momento más espeluznante puede vivirse cuando varias de ellas se juntan en alguna reunión multitudinaria en la que esté previsto que se acompañe de viandas varias. Si estas han de ponerse en el suelo, sobre alguna especie de paño a modo de mantel, la orgía de movimientos puede llegar a ser mortal.

Mi amigo recordaba un relato que escuchó de niño, de boca de los más ancianos de su aldea, sobre una fiesta celebrada décadas atrás en donde se desplegaron por el suelo varias telas para posteriormente situar encima los alimentos. En ese instante, varias de estas adeptas interrumpieron la colocación de la comida para atacar, con una mezcla de saña y regocijo, las arrugas de los tejidos recién colocados sobre el no perfectamente regular suelo de aquel campo abierto.

«¡Cuatro horas!» exclamó varias veces mi amigo con la voz temblorosa. «¡Tardaron cuatro horas en poder comer!». En aquella vorágine de búsqueda de la tersura y la suavidad, con mujeres alisando de un lado para otro a velocidades indescriptibles, se perdieron dos de ellas. Eran de las más jóvenes. Aparecieron cuatro días después sin ser capaces de decir dónde estuvieron ni lo que les había pasado.

Se barajó la teoría, por parte del sabio de la aldea, de haberse producido un vórtice textil generado por una denominada energía pliegoestática que las atrapó. Pero la mayoría de los ancianos de la aldea no lo creyeron, ya que eso no explicaba que las jóvenes tuvieran sendos bebés nueve meses después.

aquelarre_brujasYo barajo la teoría personal, que no compartí con mi amigo, que quizás en aquel vórtice vivan súcubos que se aprovechan de esos momentos de paroxismo y generación de energía y secuestran jóvenes hermosas aprovechando el desconcierto generado. Pero no tengo pruebas.

Cuando aún no me había recuperado de lo escuchado, y daba un largo trago a mi cubatxa, mi acompañante dijo aquello que todo hombre de buen sentir y noble corazón teme oír: «Pero eso no es lo peor». Con un escalofrío recorriendo mi espalda me preparé para escuchar: ¿qué terrible experiencia podrían vivir aquellos desdichados que fuera peor de lo que había escuchado?

Según parece existe otra secta despiadada que, por increíble que parezca, suele acoger a muchas de las integrantes de la anterior. La conocen como «La Cofradía del algodón». «¡Líbreme mi dios de encontrarme con alguna de ellas!», decía mi amigo haciendo la señal de la Piedra del Conocimiento sobre su nalga derecha, como hombre religioso que era.

Estas desalmadas parece ser que viven para adorar al brillo y al esplendor. No se detienen ante nada ni nadie y son capaces de obligar a sus parientes y amigos a sufrir las mayores de las vergüenzas públicas. Cualquier mancha, cualquier acontecer que elimine el brillo o lo oculte, es considerada herejía por estas amazonas de la pulcritud extrema.

Me contaba mi amigo que adoran a un tal Maese Proper, un ser mítico que, por la descripción que me hizo, debe parecerse mucho al buda del que me habló mi abuelo materno, el incansable viajero y cronista que me inculcó mi pasión por conocer lejanas tierras, Nicomedes Hogado. Aunque el adorado en estas tierra es más delgado y se le suele representar con una especie de mopa en una mano.

putaiQuizás se trate del mismo sujeto pero más joven que, cuando se hizo mayor, puede que redujera sus impulsos y emigrara hace el este, porque el budismo que conozco no es tan agresivo.

Lo terrible es la posibilidad, bastante común como ya he mencionado, de que las mujeres captadas por alguna de estas cofradías malignas acaben recalando también en la otra. Cuando esto ocurre, la mujer acaba convertida en un ser generador de un increíble e ilimitado sufrimiento a los que están a su alrededor.

Me contó mi amigo que existe la leyenda de un tal Dante o Shante, un viajero de tierras lejanas que recaló en aquellas tierras en su búsqueda del conocimiento y la sabiduría, al que se le conocía por su carácter risueño como el alegre. Acabó conociendo a una hermosa joven de la que quedó prendado de su hermosura y con la que contrajo nupcias. Años después ella cayó en las garras de estas sectas y el hombre acabó escapando y regresando a su tierra natal.

Dicen que se le escuchó decir «¡He vivido nueve infiernos!» mientras, en la oscuridad, abandonaba la aldea tirando con firmeza de las riendas de la mula en la que llevaba las pocas pertenencias que pudo recoger, aprovechando que su esposa había ido a visitar a su madre enferma, una conocida sacerdotisa del Convento de la Mopa.

Tras su marcha, cada vez que aparecía un forastero por la aldea la mujer abandonada se abalanzaba sobre éste para preguntar por su amado. Años después uno de aquellos extranjeros que pasó por la zona, le contó que sabía de un tal Dante famoso por haber escrito un libro que se titulaba Inferno. Pero no pudo concretar más que llevara a pensar 511633_net_451527141_que se trataba del mismo individuo.

Tras escuchar aquellos relatos y ligeramente embriagado por los siete cubatxas que me había bebido, sin darme cuenta, ante la terrorífica historia que brotaba de los labios de mi amigo, decidí volver a la fonda en la que me hospedaba en busca de un reparador sueño.

A la mañana siguiente, teniendo aún en mi mente la escalofriante historia, hice mi hatillo y abandoné aquellas tierras manteniendo la mirada baja cada vez que me cruzaba con alguna mujer. No respiré tranquilo hasta que llegué a la siguiente parada en mi largo viaje. Lo que no sabía era que las sorpresas, el estupor y el miedo, no habían terminado para mí».

Hasta aquí este fragmento de las correrías de Andreas Perado. Iré compartiendo otros retazos de su relato, debidamente seleccionados ya que lo que se cuenta en sus páginas contiene cuestiones que deben ser tratadas con cuidado. Tampoco quiero sembrar el pánico entre mis convecinos. Al fin y al cabo son hábitos de tierras lejanas.