COFRADÍAS SECRETAS (I). Cuadernos de viaje de Andreas Perado

Cofradías secretas (I)

Cuadernos de viaje de Andreas Perado

restaurante-cafe-royaltyEstaba sentado plácidamente disfrutando de mi expreso, mirando despreocupadamente a la gente que caminaba apresuradamente por la calle, a través del cristal de la cafetería, con el oscuro anhelo de encontrar algún viandante especial, ese individuo capaz de plantar en mí la semilla de una buena historia. Esa forma de caminar, un gesto que denotase, en el lenguaje corporal de mi obsesiva mente, algún conflicto o problema que inspirase una buena historia.

Por un momento dejé mi actividad detectivesco-pasiva, para prestar atención a la taza de mi negro e intenso brebaje, cuando me di cuenta de la presencia de aquel hombre. De pie, con una media pero cálida sonrisa y su mirada fija en mí.

Aparentaba algo más de sesenta o puede que setenta bien llevados, vestía con elegancia pero con cierto punto de despreocupación en su atuendo, o eso me dijo mi diccionario de lenguaje no verbal/español, y llevaba una vieja cartera de piel en su mano derecha.

―Buenos días ―dijo con su cálida voz.

―Buenos días ―contesté entre intrigado y molesto por la interrupción.

―Llevo unos días observándole. Yo me suelo sentar al fondo. Al contrario que usted, a mí me gusta observar a los que se sientan en este local.

―Yo no… ―intenté justificarme «¡faltaría más!»

trabajo-de-investigacin-7-638 (2)―No se disculpe ―dijo condescendiente― deduzco que es usted escritor y como tal, gusta de observar a la gente ―y se sentó a mi mesa sin esperar invitación―. Hace tiempo que tengo en mi poder unos papeles que encontré en un mercadillo ambulante del norte de África ―y sacó de su cartera un fajo de páginas amarillentas, atadas con una vieja y desgastada cinta roja, que dejó sobre la mesa junto a mi café.

―¿Qué es esto? ―pregunté.

―Un diario del viaje de un sujeto peculiar cuando menos ―contestó si perder su media sonrisa― A mí me cautivó su lectura y creo que a usted le ocurrirá lo mismo. Se lo regalo, creo que sabrá darle la utilidad que merece. Es libre de hacer con ese texto lo que desee, lo dejo a su elección ―y se levantó de la mesa.

―Pero… ni siquiera sé cómo se llama ―protesté levemente turbado.

―Dionisio ―respondió girándose levemente―, me llamo Dionisio ―y salió del local.

Tras dos expresos más pude hojear una buena parte de las páginas que me había regalado Dionisio. El título que aparecía en la primera hoja era «El viaje por lejanas tierras de Andreas Perado» y narraba las peripecias del tal Andreas por lejanas y extrañas tierras.

En un principio pensé que se trataba de una broma, ya que los lugares y gentes descritos en aquellas páginas desafiaban a la lógica, la historia y el sentido común. Pero tras unos instantes de reflexión acerté a comprender que estaba ante el relato de una realidad invisible, que nos rodea sin hacer ruido. Tan interesante era la lectura de las aventuras y desventuras de este personaje que no podía dejar de leer, pero tras el tercer expreso me pareció que mi pulso se aceleraba más de lo necesario, por lo que torné a mi domicilio.

Después de terminar la lectura del manuscrito he pasado semanas decidiendo que hacer con esta historia. Finalmente creo que lo más adecuado es ir desgranando la historia de Andreas Perado poco a poco, en retazos que puedan ser asimilados adecuadamente por el lector.

En esta primera píldora, quiero compartir el pasaje que he bautizado como:

Cofradías secretas

adriaenjanszvanostade_feastingpeasantsinatavern«Durante mi estancia en las Tierras Maghentas, conocí a un viejo erudito en una de sus tabernas. Decía ser un antiguo profesor, hacía tiempo retirado de sus quehaceres, dedicado al estudio de las costumbres y usos de la zona. Tras unas rondas de cubatxa, el brebaje infernal que aquellas gentes consumían como el aire para respirar, me contó la historia de la Cofradía del pliegue perfecto, una secta secreta formada, casi en exclusiva, por mujeres que llevaban luchando en secreto, desde hacía siglos, para conseguir dominar el mundo y convertirlo en un lugar suave y sin arrugas.

Parece ser que sus ideas eran puestas en práctica por su temible brazo armado, que denominaban la patrulla anti-arrugas, que mantiene vigilancia constante, de día y de noche, en sus respectivas ciudades, aldeas y comunidades, a la búsqueda de cualquier señal de arruga o irregularidad que altere, según su ancestral saber, aquello que nació para ser suave y terso.

Estas hugonotas textiles se abalanzan contra toda arruga que detectan en mantas, sábanas, mitones y objetos de similar orden. No respetan nada, se vuelven ciegas en su afán por devolver la tersura al tejido mancillado. Me contó mi anciano amigo que se sabe de casos en que han llegado a levantar a esposos, en su santo hogar, de sus cómodos asientos mientras disfrutaban de la lectura de su niuspapiro, mientras paladeaban su cubatxa, para extender con celeridad y cierta furia enloquecida, la piel de yak usada para cubrir y decorar el asiento.

Suegra1El secreto para no sufrir daño alguno, según mi nuevo amigo, consiste en no mantener contacto visual con la enloquecida alisadora, dar las gracias al final de su trabajo y, sobre todo, no sentarse inmediatamente después de que alisen la pieza textil o de piel, ya que ineludiblemente suelen comprobar su obra más de una vez. Algún esposo, que se sentó con demasiada celeridad para seguir disfrutando de su lectura y bebida, ha sido visto ordenando las cuadras en domingo. Espeluznante según relataba mí amigo con un evidente temblor en su voz.

Me describió como estas luchadoras insaciables podían actuar en grupo o en solitario. Si bien el equipo que causaba mayores estragos eran los que aquellas gentes llamaban binomias. El aprendizaje de toda novicia en la cofradía, pasaba por las enseñanzas recibidas de su maestra, una sacerdotisa de alto rango que acogía a la recién llegada. Por lo que me explicó, aunque no lo entendí muy bien, esta relación maestra/aprendiza viene a ser lo que nosotros llamaríamos suegra/esposa. No le encontré sentido en aquellos momentos, supongo que debido a que aún era soltero».

Bueno, creo que por hoy es suficiente. Rememorar esta lectura me estremece aún. En el próximo relato continuaré con la descripción de algunas de las mayores atrocidades de esta secta y otras, por boca de este santo viajero: Andreas Perado.